|
LYNDON H. LAROUCHE, JR,
devino, a lo largo de los setentas y los ochentas, una de las personalidades
políticas internacionales más controvertidas de su
época. La controversia, que abarca también cuestiones
como su lucha por destruir al narcotráfico internacional
y su papel iniciador en la formulación del programa que el
presidente Ronald Reagan anunciara el 23 de marzo de 1983 y que
vino a conocerse como Iniciativa de Defensa Estratégica (IDE),
tiene sus raíces en cuestiones político-económicas
no sólo internas de los EU, sino mundiales.
La
renovada demostración reciente de su calificación
excepcional como pronosticador económico de largo plazo lo
ha ubicado en el centro de la crisis sistémica general de
la economía mundial, que hace erupción en la actualidad.
Así que lo que viene al caso, a modo de currículum
vitae, es aquello que ubique su carrera en relación con su
papel real y potencial en los esfuerzos por resolver la crisis mundial
presente.
LaRouche como economista

LaRouche y la Triple Curva de Típico
Desplome Econmómico
La posición de LaRouche como economista de renombre internacional
y sus éxitos excepcionales como pronosticador de largo plazo
resultan de sus descubrimientos originales de principio físico,
que se remontan a un proyecto realizado en 1948–1952. Estos
descubrimientos surgieron
de su oposición a los intentos del profesor Norbert Wiener,
devoto de Bertrand Russell, de aplicar a la comunicación
de ideas la llamada "teoría de la información",
como lo hizo en su libro de 1948 Cybernetics. Como parte del mismo
proyecto, se opuso a los intentos de otro devoto de Russell, John
von Neumann, de degradar los procesos económicos reales a
soluciones de sistemas de desigualdades lineales simultáneas.
Como
resultado de ese proyecto, LaRouche introdujo explícitamente
nociones axiomáticamente alineales de cognición humana
individual a la ciencia de la economía física fundada
por la obra correspondiente 1671–1716 de Gottfried Leibniz.
La propia obra de LaRouche localizó el factor alineal determinante
del aumento de la densidad relativa demográfica potencial
de la sociedad en las relaciones de las que es ejemplo el papel
del principio de las máquinas herramienta de ligar los experimentos
que hacen para demostrar un principio con el perfeccionamiento de
diseños tanto de productos como de procesos productivos.
En
la búsqueda subsecuente de una norma métrica para
este estudio del papel funcional de la cognición, LaRouche
adoptó el punto de vista de Leibniz, Gauss y Riemann, según
lo expresa la disertación de habilitación de Bernhard
Riemann de 1852. Por eso, la aplicación de conceptos riemannianos
a los propios descubrimientos de LaRouche vino a conocerse como
el método LaRouche-Riemann.
Su
obra se conoce sobre todo por el buen éxito de dos pronósticos
de largo plazo. El primero fue elaborado en 1959-1960; pronosticaba
que, de persistir los supuestos axiomáticos de la política
de las presidencias de Truman y Eisenhower, el segundo lustro de
los sesentas sufriría una serie de crisis financiero-monetarias
internacionales que llevarían a la ruina de los acuerdos
de Bretton Woods. Eso fue lo que ocurrió en el intervalo
entre la devaluación de la libra esterlina de noviembre de
1967 y el rompimiento de los acuerdos de Bretton Woods del 15 y
el 16 de agosto de 1971.
El
segundo pronóstico se basó en las implicaciones de
ese rompimiento de 1971. LaRouche pronosticó que, si las
potencias dominantes recurrían a una combinación de
formas monetarias cada vez más rapaces de medidas de austeridad,
el resultado sería no una nueva crisis cíclica, sino,
más bien, una crisis sistémica, una "crisis general
de desintegración" del sistema global. Desde la crisis
del mercado de valores estadounidense de octubre 1987, y las decisiones
estratégicas, económicas, financieras y monetarias
del lapso 1989–1992, el sistema financiero-monetario mundial
quedó atrapado en la serie de sacudidas sísmicas que
tienen lugar en la actualidad y que expresan esa crisis sistémica
mundial o de "desintegración general".
Personalidad
de controversia política
La
obra y las actividades de LaRouche como economista siempre han confluido,
desde que prestó servició militar en la India de la
posguerra, con su adhesión permanente a lo que se ha llamado
a menudo "un nuevo orden económico mundial justo":
la urgencia de asegurarle a las que se llama a veces "naciones
del Tercer Mundo" su pleno derecho a la soberanía nacional
perfecta y al acceso al mejoramiento de sus sistemas educativos
y economías aprovechando la ciencia y la técnica más
adelantadas. A este respecto, LaRouche ha continuado la pelea contra
la política del Imperio Británico y su Mancomunidad
que tuvo, por los mismos motivos, el presidente de los Estados Unidos
Franklin D. Roosevelt con el primer ministro de la Gran Bretaña
de la época de la guerra, Winston Churchill.
En
el mismo sentido, se opuso a los moldes políticos que en
economía y asuntos conexos siguieron los gobiernos de los
presidentes Truman y Eisenhower, y Nixon, Carter, Reagan y Bush
(más notablemente). Hoy en día, en la política
económica interna y externa de los EU, su postura se ejemplifica
por su oposición indomable a las directrices pertinentes
de Henry A. Kissinger, del Wall Street Journal de Robert Bartley,
y de los doctrinarios neomaltusianos en general. En estas cuestiones
de política interna y externa de los EU, LaRouche está
alineado con la tradición de lo que se conoció otrora
como "sistema americano de economía política",
tradición patriótica antibritánica representada
por la orientación de Benjamín Franklin y de adversarios
de los dogmas del apologista de la Compañía de las
Indias Orientales británica Adam Smith como el secretario
de Hacienda de los Estados Unidos Alexander Hamilton, Mathew y Henry
Carey, de Filadelfia, Friedrich List y el presidente Abraham Lincoln.
LaRouche siempre ha apoyado la clase de medidas "dirigistas"
propias de esa tradición del sistema americano, y la importancia
que le da dicha tradición al fomento de la inversión
en el progreso científico y técnico, así como
al desarrollo de la infraestructura económica básica,
en contra del "libre cambio" y dogmas semejantes de la
escuela de Haileybury y la escuela positivista.
Desde
sus estudios de 1948–1952, LaRouche siempre ha situado la
base política profunda de la oposición entre los dos
campos modernos de la política económica en la lucha
de las fuerzas que encuentran su interés propio en la economía
nacional, como los granjeros, los empresarios industriales y los
trabajadores, en contra de esos intereses financieros oligárquicos
que saquean a la economía nacional por medio de mecanismos
de usura financieros y análogos.
En
un aspecto conexo, LaRouche ha localizado la importancia histórica
excepcional de la Revolución Estadounidense y de la Constitución
Federal de los EU en el hecho de que, aunque las ideas de la Revolución
Estadounidense fueron producto de la tradición europea del
Renacimiento del siglo 15, la América del Norte estaba a
la apropiada distancia estratégica de una Europa todavía
dominada por esas combinaciones de aristocracia terrateniente feudal
y oligarquía financiera feudal de las que es ejemplo la alianza
Castlereagh-Metternich en el Congreso de Viena. De modo que los
Estados nacionales de Europa surgieron principalmente como reformas
cuasirrepublicanas parlamentarias dentro de naciones todavía
regidas desde arriba por oligarquías feudales, como el Reino
Unido, en vez de verdaderas repúblicas como la república
federal estadounidense de 1789.
A este
respecto, apenas LaRouche empezó a cobrar cierto grado de
influencia política, primero dentro de los Estados Unidos
y luego en el extranjero, entró en un conflicto político
cada vez más acre con los sectores oligárquicos financieros
y sus lacayos, tanto en los EU como en otros países. En los
EU, se trata de una combinación de familias oligarcas ligadas,
en el pasado, a los traficantes de opio de Nueva Inglaterra, banqueros
de Manhattan de la tradición de Aaron Burr, Martin van Buren,
August Belmont y J. P. Morgan, y aquéllos que se aferran
a la tradición esclavista sureña.
Además,
desde 1964–1972, LaRouche ha sido organizador destacado de
la oposición al cambio de paradigma cultural de 1964–1972.
Al respecto, se ha vuelto blanco importante de la acre enemistad
de ideólogos de una variedad de sectas de la Nueva Era como
la contracultura del rock, las drogas y el libertinaje sexual, los
utopismos "posindustriales" en general y las formas "neomaltusianas"
de las anticientíficas modas "ambientistas".
Como
resultado de ello, LaRouche ha sido blanco de una serie de intentos
conocidos de eliminarlo, hasta físicamente, ejecutados por
toda clase de entidades oficiales y privadas dentro y fuera de los
EU. De esos intentos son ejemplo el complot que dirigiera en 1973
el Buró Federal de Investigaciones (FBI) de los EU, según
se admite en documentos oficiales dados a conocer posteriormente,
y la operación oficial estadounidense de 1983–1988
ejecutada al amparo de la orden presidencial 12333.
Campañas
por puestos públicos
Desde
1976, LaRouche ha hecho campaña varias veces por el cargo
de presidente de los Estados Unidos; siete veces, ha contendido
por la candidatura presidencial del Partido Demócrata. En
estos momentos, contiende por la candidatura presidencial de dicho
partido para el año 2004. En cada una de las campañas
respectivas de 1976, 1980 y 1984, el motivo central fue el mismo:
la inevitabilidad práctica de un descenso prolongado en la
crisis financiera y monetaria sistémica mundial, a menos
que se adoptara cierto género específico de cambios
de política económica, financiera, monetaria y social.
En 1988, el tema de la campaña fue la caída inminente
del sistema soviético —y la posible reunificación
de Alemania a corto plazo—, que empezaría en Europa
oriental ya en 1989. En 1992, el tema fue el hecho de que se había
iniciado la avalancha financiero-monetaria que amenazaba con producir
un descarrilamiento financiero y monetario general en algún
momento de la misma década. En 1996, ese estallido de una
crisis sistémica financiero-monetaria mundial general era
inminente. Las premisas ofrecidas para esta perspectiva fueron siempre
las mismas, la posibilidad a largo plazo de una crisis de desintegración,
prevista en las circunstancias del rompimiento de 1971 de los acuerdos
de Bretton Woods.
En
cada una de esas campañas, el remedio propuesto fue siempre
el mismo: una reforma fundamental de los sistemas económico,
financiero y monetario del planeta, con el acento en: a) el retorno
a los mejores rasgos del sistema de Bretton Woods de los cincuentas;
b) el reemplazo general del sistema de banca central con el tipo
de banca nacional que el secretario de Hacienda de los Estados Unidos
Alexander Hamilton le atribuyó a las implicaciones de la
Constitución Federal de los EU; c) un nuevo orden económico
mundial justo en tanto nueva clase de asociación entre Estados
nacionales soberanos; d) preferencia por el desarrollo en gran escala
de la infraestructura económica básica, la producción
suficiente de abastos y el fomento del aumento de la productividad
per cápita por medio de la inversión en el progreso
científico y técnico.
Un
rasgo importante de las campañas de 1976–1984 fueron
las proposiciones de medidas de cooperación científica
y técnica entre los EU y la URSS, para realizar lo que el
doctor Edward Teller calificó, a fines de 1982, de "propósitos
comunes de la humanidad". Descuella entre esas proposiciones
la versión original, de 1979, de la "Iniciativa de Defensa
Estratégica" (IDE), incluida entre los puntos principales
de la campaña de 1980 por la candidatura demócrata.
En 1988, la IDE fue sustituida con un programa de "alimentos
por la paz", basado en la previsión de que Europa oriental
y la Unión Soviética sufrirían una crisis económica
en cascada a partir de 1989. Para el 2000, la campaña se
dirigió en lo principal a fomentar la pronta creación
de un Nuevo Bretton Woods, con eje en la cooperación entre
los presidentes de los EU y China, mucho antes de que llegara el
año 2000. La campaña actual se propone auspiciar que
el presidente actual de los EU realice ese objetivo. La finalidad
es establecer una nueva forma de estabilidad financiera y monetaria
mundial, congruente con los principios de un nuevo orden económico
mundial justo, que se instaure a tiempo de impedir que el proceso
actual de desintegración financiera, monetaria y económica
hunda al planeta, muy pronto, en una era de tinieblas planetaria.
Ciencia
y arte clásico
El
rasgo central de todas las actividades de LaRouche es la gran importancia
que le concede a las facultades cognoscitivas soberanas de la mente
humana individual de cuyas funciones son mero ejemplo los descubrimientos
comprobados de principios físicos. Desde sus descubrimientos
originales de 1948–1952, siempre ha subrayado que los procesos
de los que brota el descubrimiento de principios físicos
son de naturaleza idéntica a aquéllos de los que brota
la composición de metáforas en las grandes composiciones
en las formas clásicas de poesía, música, tragedia
y artes plásticas. LaRouche adquirió este punto de
vista cuando rechazó el dogma romántico de Emmanuel
Kant en la estética. En consecuencia, rechaza las nociones
empiristas, cartesianas y positivistas tanto de la "ciencia
objetiva" como de la separación entre la ciencia y el
arte. Considera que la ciencia y el arte son intrínsecamente
subjetivos, y no objetivos, o sea, la generación subjetiva
de principios científicos objetivamente comprobables, de
nuevas ideas engendradas como soluciones de metáforas.
Fueron
éstas las consideraciones principales que lo llevaron a participar
en la creación de una asociación científica,
la Fusion Energy Foundation, a mediados de los setentas, y a apoyar
el que su esposa, Helga Zepp LaRouche, fundara el Club de la Vida
y el Instituto Schiller, en los ochentas. En los ochentas, puso
en marcha un proyecto para aclarar ciertos principios decisivos
de la composición de música clásica y su ejecución,
proyecto del que resultó un importante libro. LaRouche trabaja
actualmente con algunos de sus colaboradores en la formulación
de mejores métodos de enseñanza, basados, entre otros,
en modelos pedagógicos derivados de la obra científica
de la cultura clásica griega, Leonardo da Vinci, Johannes
Kepler, Gottfried Leibniz, Carl Gauss y Bernhard Riemann. El principio
que subyace en este esfuerzo es que el educando debe conocer, en
vez de meramente aprender, la materia reproduciendo el acto original
de descubrimiento de un principio de tal manera que reexperimente
los procesos mentales empleados por el descubridor original de ese
principio. Esta es la definición de LaRouche del método
humanista clásico de educación.
Datos
biográficos
Nacimiento:
8 de septiembre de 1922, Rochester, Nueva Hampshire, EU.
Padres:
Lyndon Hermyle LaRouche, Sr., ciudadano de nacimiento, consultor
técnico internacionalmente conocido de fabricantes de calzado;
Jessie Weir LaRouche, ciudadana de nacimiento.
Casado:
Diciembre de 1977 con Helga Zepp LaRouche, oriunda y ciudadana de
Alemania; experta en Nicolás de Cusa y Federico Schiller;
fundadora y directora del Instituto Schiller; personalidad política
de Alemania.
Hijos:
Daniel Vincent LaRouche, nacido en agosto de 1956; especialista
en procesamiento de datos.
Instrucción:
Escuelas públicas de Rochester, Nueva Hampshire, y Lynn,
Massachusetts; asistió a la Universidad del Noreste en 1940,
1941, 1942, 1946, 1947.
Servicio militar:
Ejército de los EU, 1944–1946; prestó servicio
en la India y Birmania.
Experiencia profesional:
Consultor gerencial, economista, 1947–1948, 1952–1972.
Fundador (1974) del semanario Executive Intelligence Review; cofundador
(1975) de la Fusion Energy Foundation; miembro del Instituto Schiller.
Libros:
¿Así que quieres aprender economía? (1984,
1995); La ciencia de la economía cristiana (1991).
Actividad política:
Contendiente por la candidatura del Partido Demócrata a presidente
de los EU: 1980, 1984, 1988, 1992, 1996, 2000, 2004.
Candidato del Partido Laboral de los EU a presidente de los EU,
1976.
Candidato a representante federal, Virginia, 1990.
Condena:
Declarado culpable de conspiración en diciembre de 1988,
y encarcelado por ello de 1989 a 1994, en un juicio político
que el jurista alemán profesor Friedrich A. Freiherr von
der Heydte dijo en 1989 que era comparable con el escándalo
del caso del capitán Alfred Dreyfus, de Francia: "Todo
lo que hemos podido averiguar acerca del juicio contra Lyndon H.
LaRouche no ha sido más que otro doloroso recordatorio de
que la explotación del sistema judicial para alcanzar fines
políticos es, por desgracia, un método usado repetidas
veces en nuestros días tanto en Occidente como en Oriente".
Ante una comisión que investigaba el mismo caso, el ex procurador
general de los EU Ramsey Clark declaró el 2 de septiembre
de 1994 que el caso LaRouche "representó una gama más
amplia de ardides deliberados y atropellos sistemáticos,
empleando el poder del gobierno federal, por un período más
prolongado, que cualquier otro proceso incoado por el gobierno estadounidense
en mi vida o que yo conozca".
|