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Pedro Paulet: pionero peruano del espacio
Busto de
Pedro Paulet que honra la exhibición de sus bocetos y modelos en la sala
Pedro Paulet
del Museo de la Aeronáutica de la Fuerza Aérea, en Lima, Perú.
Por:
Sara Madueño Paulet de Vásquez (*)
El
ingeniero y estadista que inventó el motor impulsado con combustible
líquido (1895) y el primer sistema moderno de propulsión de cohetes
(1900), fue un peruano. Aquí, su sobrina nieta cuenta su historia.
Enfrentar la crisis económica, moral y cultural que abate al mundo,
requiere un nuevo renacimiento cultural universal en el que cada una
de nuestras naciones adopte una política educativa nacional orientada
a que nuestros niños y jóvenes redescubran y asuman como suyos los principios
clásicos que han ocupado a las mejores mentes de entre los científicos,
artistas y estadistas de nuestra civilización.
En
este marco, se hace indispensable rescatar la figura de aquellos grandes
hombres y mujeres que constituyan una referencia que reviva la vocación
de las ciencias, del descubrimiento y del buen gobierno. Entre esta
estirpe ejemplar de ciudadanos del mundo, se encuentra el gran científico
peruano Pedro Paulet (1874–1945), pionero de la aviación aeroespacial,
quien además postuló el principio de la educación universal científica
y clásica como base del progreso de los pueblos.
Pedro
Paulet descubrió las ventajas del combustible líquido para la propulsión
de cohetes y diseñó, construyó y probó el primer motor a propulsión
de la historia. Paulet también diseñó un prototipo de nave espacial.
Perú
también cuenta entre sus ilustres hijos, al astronauta Carlos Noriega,
quien, como miembro de la misión espacial del Endevour, ayudó a instalar
en diciembre de 2000 los páneles solares de la Estación Espacial Internacional
(ISS, siglas en inglés). En mayo de 2001, Noriega volvió por tercera
vez a la ISS, en esa ocasión como comandante de la nave. La ISS representa
el puente por el que transitará el hombre en su camino hacia la colonización
de la Luna, luego de Marte, y después, más allá.
Paulet
y Noriega, vistos desde esta perspectiva histórica, representan una
continuidad del mismo propósito: extender los confines del hombre al
espacio, para henchirlo y fructificarlo, como manda el Génesis.
Además, constituyen un ejemplo positivo a imitar para guiar a nuestros
niños y jóvenes por el camino de la ciencia y el descubrimiento, en
beneficio de toda la humanidad.
En
su libro Historia mundial de la astronáutica (que escribió junto
con Fred Ordway), Wernher von Braun, ex director del Centro Espacial
Marshall de la NASA, y director del programa Saturno V, que llevó al
hombre a la luna, dijo: "Pedro Paulet, en esos años (1900), estando
en París, experimentó con su pequeño motor de dos y medio kilos de peso
y logró un centenar de kilogramos de fuerza. Por este hecho, Paulet
debe ser considerado como el pionero del motor a propulsión de combustible
líquido". Es más, en su "Historia de la cohetería y de los viajes espaciales",
von Braun reconoce que, "con su esfuerzo, Paulet ayudó a que el hombre
abordara la luna".
La
contribución científica de Pedro Paulet no se limitó al descubrimiento
de las ventajas del combustible líquido para la propulsión de cohetes,
o al diseño del "motor Paulet" de reacción (1895) y al diseño del sistema
"girándula" de propulsión (1900). También diseñó el "Avión Torpedo"
(1902) —su "avión perfecto"; una nave aeroespacial con características
aerodinámicas específicas, espacio para una pequeña tripulación, y construida
con materiales resistentes a las condiciones atmosféricas y espaciales,
con paredes térmicas y abasto de electricidad mediante pilas termoeléctricas—.
El
científico ruso Boris Scherschevsky, en su libro "El cohete para
transporte y vuelo" (escrito en 1958) reconoce : "El advenimiento
de la era espacial se hizo realidad con el desarrollo del motor a propulsión
y de la nave espacial diseñada y construída por el peruano Pedro Paulet
entre 1899 y 1903".
Boceto donde
Alexander Boris Scherschevsky, señala a los pioneros de la aviación aeroespacial.
Konstantin Tsiolkovky (URSS-1903), Roberth Goddard (EU-1914), Hermann
Oberth (Alemania -1923)
y Pedro Paulet (Perú -1900) quien aparece al centro.
En
el Museo Nacional del Aire y el Espacio en Washington, podemos ver una
pequeña placa que honra la memoria del peruano Pedro Paulet, como precursor
de la aeronáutica. Pero Paulet merece algo más que una placa. Se trata
de un ejemplo para las generaciones presentes y futuras del mundo, pero
en especial las del llamado "tercer mundo". Paulet, como tantos muchachos
peruanos, provenía de una familia mestiza, radicada en uno de los miles
de pueblitos olvidados de la sierra peruana, y demostró, a través de
su contribución a la ciencia universal, que todos los hombres somos
capaces de acceder a los más altos estadios de la creatividad humana.
En
el Perú, no sólo se considera a Paulet como "el mayor inventor peruano
de todos los tiempos", sino que su onomástico, el 2 de julio, se ha
declarado oficialmente como el Día Nacional de la Aeronáutica.
La
Fuerza Aérea peruana, en su Museo de la Aeronáutica en Lima, la capital
del país, ha hecho de la "Sala Pedro Paulet", una de las exposiciones
principales, donde se exhiben algunas de las obras de Paulet, sus bocetos
originales y los modelos a escala de sus inventos.
Este dibujo
de Paulet, de 1902, muestra, en una vista frontal de su Avión Torpedo,
las dos hileras de cohetes a cada lado de la cabina.
Cuando el avión cohete despega, y está en vuelo vertical, los cohetes,
sujetos a la
estructurade punta de lanza, apuntan hacia abajo.
'Alcanzar
el espacio', su sueño desde niño
Pedro
Paulet Mostajo (1874–1945), hijo de Pedro Paulet y Antonia Mostajo,
nació en Arequipa, en el pequeño pueblo de Tiabaya, en el suroeste de
Perú. Según cuenta Megan Paulet, su hija: "Pedro Paulet, desde muy niño
evidencia su pasión por alcanzar el espacio. Con sus primitivos cohetes
experimentales, que se inspiraban en los juegos pirotécnicos pueblerinos,
hace de su niñez un anecdotario de curiosidad por el descubrimiento
y la creación científica; curiosidad que muchas veces lo enfrentó a
riesgosos experimentos infantiles".
Pedro Paulet
Mostajo (1874 - 1945)
Luego
de una rígida educación primaria y secundaria, a cargo de los lazaristas
franceses dirigidos por el padre Duhamel, Paulet ingresó a la Universidad
de San Agustín de Arequipa, donde estudió un par de años en las facultades
de Letras y Ciencias. En 1894, a los 18 años de edad, el gobierno peruano
le dio una beca para estudiar ingeniería química en la Universidad de
La Sorbona en París, donde asiste a los cursos dictados por el prominente
sabio frances Profesor Marcelin Berthelot. Junto a sus estudios de ingeniería,
también asistió como alumno libre a la Escuela de Artes Bellas y Decorativas
de París, donde estudió arquitectura porque quería dominar el dibujo
técnico para poder diseñar sus inventos.
Desde
el principio, Paulet se concentró en la investigación y experimentación
de aquello que lo había obsesionado desde niño: el diseño y la propulsión
de cohetes. Para él, el sueño de surcar el espacio sólo dependía de
los márgenes infinitos de la creatividad individual humana. Convencido
de que "no hay límites al crecimiento" y de que la misión del hombre
es "henchir y dominar la tierra y multiplicarse", dice en una entrevista
a La Crónica (1944): El progreso no consiste "en igualar los
procesos de la naturaleza, sino en superarlos. Por tanto, lo que debemos
estudiar no es la aviación que viene de 'aves', y que sólo invita a
imitar su vuelo, sino la desgravitación. Hay que propiciar el transporte
por encima del planeta, donde no hay aire, ni nubes, ni hielo".
Al
mismo tiempo que Paulet ideó y diseñó su "máquina voladora para alcanzar
el espacio", inició una etapa de intensa experimentación. Su reto era
hallar el explosivo más conveniente como propulsor. Este tema dominó
sus continuas pláticas de consulta con sus maestros: Charles Friedel
(químico y mineralogista de renombre); Marcelin Berthelot (conocido
por sus trabajos en química orgánica y termodinámica); y el ilustrer
Pierre Curie (físico, premio Nobel en 1903, a quien, junto con su esposa
Marie Sklodowska y Henri Becquerel, se considera pionero de la energía
nuclear por su descubrimiento del polonio y el radio).
Es
en esta etapa de su vida (1895–1902), Paulet arribó a las primeras conclusiones
que lo llevarían al descubrimiento del combustible líquido para la propulsión
de cohetes, y después al de los principios físicos en los que basó su
concepto y diseño del motor Paulet, su sistema girándula, y, por último,
su Avión Torpedo.
El 'motor
experimental Paulet' (1895)
En
París, Paulet se enfrascó en su proyecto. Cuando tuvo claros el concepto
y la forma de su "máquina voladora", diseñó ambos (ver figura
y fotografía del modelo).
Plano del motor
elaborado por Pedro Paulet.
Como el mismo lo anota al pie del plano este es una "reconstrucción esquemática
del motor,
a partir de su descripción".
El
autor inglés A.V. Cleaver escribió que, para 1900, Paulet "tiene en
su haber científico el reconocimiento del invento del 'motor de cohete',
primer ejemplo del cohete bipropulsor, donde el oxidante y el hidrocarburo
se encuentran en tanques separados y se mezclan sólo en la cámara de
combustión. Se trata del prototipo de lo que hoy se usa en las naves
espaciales, con la diferencia de que hoy el ácido nítrico reemplaza
al peróxido de nitrógeno usado por Paulet".
Años
más tarde, en una carta escrita en Roma el 25 de agosto de 1927, y publicada
en octubre de ese año en el diario El Comercio de Lima, Paulet
describió su prototipo de motor experimental de reacción para la propulsión
de cohetes: Mis experimentos más definitivos los hice "con cohetes de
acero de vanadio, entonces una novedad, y con las plancastitas de Turpin
[un poderosos explosivo inventado precisamente por Turpin]. El interior
de este cohete de metal era cónico, y medía unos diez centímetros de
diámetro en la base abierta. Conductos opuestos, provistos de válvulas
con resortes, introducen vapor de peróxido de ázoe [nitrógeno] por un
lado, y bencina de petróleo por el otro. El encendido lo realizaba una
chispa eléctrica de una bujía parecida a la de los automóviles, y colocada
a media altura en el interior del cohete.
"Por
otra parte, para efectuar las experiencias preliminares, el cohete provisto
de anillos exteriores, de largos tubos flexibles que unían sus mencionados
conductos a los depósitos de peróxido de ázoe y de bencina, y de un
conductor de la bujía a la toma de corriente, podía ascender entre dos
tensos alambres paralelos y verticales, entre cuya parte alta se instaló
un fuerte dinamómetro de resorte que, soportando la presión del cohete
en ejercicio, podía medir aproximadamente su fuerza ascensorial.
"Los
resultados de tales experiencias fueron de lo más satisfactorios. Un
sólo cohete de dos kilos y medio de peso, y con unas 300 explosiones
por minuto, no sólo pudo mantenerse en constante empuje contra el dinamómetro,
que llegó a marcar hasta 90 kilos de presión, sino que funcionó sin
deformarse cerca de una hora. En tales condiciones, no era, pues, aventurado
prever que, disponiendo de dos baterías de dos cohetes cada una, para
accionar una, mientras la otra descansaba, habría sido posible levantar
varias toneladas".
-MotorReacc.jpg)
Motor Paulet
– Modelo a escala 1: 1
Como
puede observarse en la representación gráfica de su descripción del
"motor Paulet", de 1895, este es un plano detallado del motor experimental
de reacción que Paulet inventó. En realidad, como él mismo dice, se
trata del concepto de un motor para un avión-cohete, o "Avión Torpedo"
como lo llamaba.
La 'girándula':
cohete de combustible líquido de Paulet
-BocetoGirandola.jpg)
La “Girándola”
fue el dispositivo que invento Paulet en 1895 para la propulsión de
sus cohetes.
El boceto muestra a la “Girándola” en plena operación. En la parte inferior,
la “Girándola”, incorporada a una nave espacial.
Paulet
se avocó al estudio y experimentación de la propulsión de cohetes con
diversos tipos de explosivos. Al cabo de muchos estudios y arduos experimentos,
además de los consejos del profesor Berthelot, llegó a la conclusión
de que el combustible líquido era el más apropiado para el motor de
reacción. También experimentó con su dispositivo para impulsar cohetes,
la "girándula", que Paulet describe en sus apuntes, y nos refiere sus
resultados: "Consistió en una rueda como de bicicleta, provista de tres
cohetes alimentados por tubos unidos a los radios. La carga venía por
ellos desde una especie de carburador fijo, colocado cerca del eje,
con un anillo de agujeros, y la carga explosiva pasaba por los tubos.
El número de cohetes podía aumentarse, hasta adquirir el aspecto de
una turbina cómodamente encerrada en un cárter apropiado.
La “Girándola”.
Modelo a escala 1:1
"Los
resultados [de las pruebas con la girándula] fueron muy alagadores.
La rueda giraba al parecer indefinidamente y, aunque las experiencias
fueron, como era indicado, muy secretas, su buen éxito trascendió al
barrio latino [en París], a lo que tal vez se debe que un autor inglés
me haya citado como uno de los primeros propulsores de la aviación de
cohetes".
Para
el combustible líquido decidió utilizar las plancastitas de Turpin,
potente combustible derivado del ácido pícrico. Este era un combustible
líquido muy volátil, de gran expansión y que podía diluirse con disolventes
apropiados. Los experimentos fueron un éxito. De lo que se trataba ahora
era de establecer la velocidad de rotación que podía alcanzar la rueda
propulsada por cohetes. A mitad de sus experimentos, ocurrió una explosión
que le perforó el tímpano del oído izquierdo, lo que más tarde lo llevó
a la sordera. Como resultado del accidente, el director del instituto
donde trabajaba prohibió los experimentos con explosivos en los laboratorios.
En una entrevista a La Crónica, Paulet describe este accidente
así: "Un grave accidente, ocasionado por la explosión de acetona en
una probeta aproximada a un pico de Bunsen a gas, provocó la alarma
del Director del Instituto, quien prohibió radicalmente que se manejaran
explosivos en esos laboratorios, situados en aquel entonces en barracas
cercanas al Jardín de Luxemburgo, en París. Y no pudiendo continuar
las experiencias en mi hotel y menos cuando la policía a raíz de algunos
atentados anarquistas, no aceptaba la fabricación particular de explosivos,
me quede con mi girándula motriz y las consecuentes aplicaciones..."
. Sin embargo, ya había probado la eficiencia experimental de su máquina.
El 'Avión
Torpedo' de Paulet (1902)
Paulet
estableció los conceptos generales para el vuelo de un avión-cohete,
a través de la atmósfera, hacia el espacio. Paulet dice: "No se trata
de 'atraer' el aire, sino de 'empujar' el aire por medio de cohetes.
La nave con la que lo lograremos deberá ser, en su forma, aerodinámica.
La hélice y los elementos del planeador deben desaparecer. Hay que remplazarlos
por una forma nueva que corresponda a sus funciones astrodinámicas,
una vez que se haya dominado la gravitación por virtud de los cohetes".
En
el proceso de concebir el diseño de su "máquina voladora", Paulet concluye
que "sí es posible atravesar la atmósfera, densa y rala, mediante naves
cuyos extremos debían de tener punta de lanza".
El
interior de la máquina voladora debe ser de forma tal que "debe permitir
que, dentro de la cámara hermética, el astronauta tenga libertad plena
de acción. Para ello, ciertamente la forma esférica es muy adecuada,
por cuanto es más resistente a las presiones exteriores".
El
exterior de la máquina debe ser de tal forma, que permita "que la punta
exterior pueda ser maniobrada desde el interior de la cámara. Hay que
asegurar también, como ocurría con los sumergibles, la posibilidad de
que quien la habite no tuviera problemas derivados de las nuevas condiciones.
Y asegurar además las reacciones del bólido metálico frente al ambiente
exterior".
Según
Paulet, para lograr el "avión perfecto", es decir, su nave espacial,
este debería ascender y descender de forma vertical, poder detenerse
en cualquier punto de la atmósfera, poder volar a más de 20.000 metros
de altura, y poseer un exterior resistente a los agentes atmosféricos
y un interior cómodo suficiente para un gran número de pasajeros y un
gran peso de carga.
“Avión Torpedo.
System Paulet 1902”. Plano esquemático elaborado por Pedro Paulet
"Avión
Torpedo, System Paulet, 1902". Así rubrica Paulet los bocetos finales
de su nave espacial, a la que le gustaba llamar "autobólido". Estos
bocetos finales los firmó en Amberes, ciudad en la que vivió unos años,
cuando lo nombraron cónsul de Perú en Bélgica en 1902.
Arriba, Vista
lateral de su nave espacial, su “avión torpedo”, en descanso.
Abajo, la nave vista de perfil, en pleno vuelo.
“Siendo el avión torpedo diseñado para volar en el espacio sideral, donde
no hay aire;
el uso de la hélice y planeadores se hace innecesario.
Paulet
describió su nave espacial en un artículo de El Comercio de 1927:
"La primera ventaja de la aplicación de cohetes motor consiste en que
forman una fuerza exterior al aparato, pero manejable desde su interior,
lo que permite dar a ese aparato la forma que se quiere, es decir, la
más apropiada. Y esta resulta ser, a mi juicio, para deslizarse en un
fluido sin variable, agitado y fecundo en tensiones como la atmósfera,
la forma lenticular, con convexidad tal, que casi es igual a la de un
ovoide, como nuestro planeta. Disponiendo así de baterías inferiores
y ecuatoriales de cohetes, cuya inclinación podría además variarse,
sería fácil dirigir vertical, horizontal y oblicuamente ese móvil, contrarrestar
cualquier capricho contrario del fluido ambiental, defenderse en el
espacio y descender a plomo.
“Avión Torpedo”.
Modelo a escala 1:1. Vista aérea.
"Siendo
este vehículo destinado a navegar en el espacio sideral, donde no hay
aire, no necesita por lo tanto ni de hélice, ni de planeadores. Se compone
de una punta de lanza, en la base de cuyo triángulo están alojados,
en cada lado de la cabina o célula del astronauta, doce baterías, de
tres cohetes por batería (o sea, 36 cohetes), pudiéndose orientar este
triángulo lanciforme por medio de un eje situado sobre el centro de
gravedad de dicha cabina.
Este modelo
del Avión Torpedo de Paulet muestra claramente las hileras de cohetes
bajo el triángulo con forma de punta de lanza, y la cabina ovoidal y sus
ventanillas.
(Puede apreciarse el busto de Paulet en la parte superior izquierda de
la fotografía)
"Con
tal sistema se obtiene: a) la elevación vertical, dirigiéndose la punta
hacia el cenit; b) la permanencia sobre un objeto dado, con esa punta
dirigida al cenit, y manejando las baterías de cohetes para que equilibren
la gravitación; c) el plano horizontal, dirigiendo la punta hacia el
horizonte buscado; d) la sumersión del aparato, del aire en el mar,
dirigiendo la punta más abajo de la horizontal; e) la navegación submarina".
En
una carta que escribió a El Comercio en 1925, Paulet hizo algunas
observaciones a los entonces "modernos" aeroplanos, a los que califica
de simples "cometas automotrices, [los que,] con su hélices de tan pobre
rendimiento, sus organismos casi totalmente al descubierto y su imposibilidad
de mantenerse quedos en el espacio, no satisfacen ninguna de las condiciones"
del "avión perfecto". Por tanto, Paulet opina que deben considerarse
"en la navegación aérea como precursores; algo así como" los veleros
en la navegación marítima, "que también han atravesado los océanos".
Hay
que recordar que mientras Paulet presentaba su osado "Avión Torpedo"
en 1902, en los EU los hermanos Wilbur y Orville Wright completaban
la marca de los 1.000 vuelos en planeador.
En
cuanto a los helicópteros de la época, éstos, dice Paulet, si bien pueden
elevarse y descender de forma vertical, "la complejidad de su organismo
ha hecho que hasta ahora no hayan podido realizar un vuelo efectivo".
Muchos
años antes, en 1909, Paulet, como director de la revista Ilustración
Peruana, explicó en uno de sus tantos artículos sobre "la guerra
y la navegación aérea", los detalles técnicos de las ventajas y desventajas,
para el propósito de la guerra, de los globos, cometas y dirigibles,
así como del biplano Wright, del monoplano Bleriot, del cañon Krupp
y del obús inflamable.
Cuando
Paulet escribió la carta a El Comercio en 1927, ya habían pasado
más de 25 años de sus descubrimientos y diseños fundamentales. Entonces,
se preguntó: Con tales ventajas, "por qué no se han construido ya aviones-cohete.
tanto más, cuanto que los mismos cohetes, dispuestos tangencialmente
en una rueda, formarían el más sencillo y potente de los motores industriales;
y los obuses-cohetes suprimirían en la guerra el costoso uso de cañones.
Por experiencia propia, puedo decirlo. Por la enorme dificultad que
un civil, sobre todo en Europa, encuentra para documentarse y experimentar
con explosivos. Y además, porque los explosivos convenientes, que son
los de yuxtaposición, y no sólidos, sino líquidos o gaseosos, que no
vende el comercio, eran de preparación insegura y peligrosa".
Paulet anticipó
los cohetes de energía nuclear
¿Cómo
es posible —recalcó Paulet en esa carta— que para entonces no se hubieran
construido aviones-cohete, si, como se dice, es ya conceptualmente factible
para esa época imaginarse la propulsión de cohetes con energía nuclear?
"Durante los últimos quince años, la ciencia de los explosivos es una
de las que más ha progresado. Los motores a explosión remplazan por
doquier a los de vapor; la pirotecnia ya no es sólo un arte; y la química
construye series de explosivos tan variados como las de colorantes y
perfumes". Y estos progresos han de volverse "formidables con los estudios
de las fuerzas radiactivas. Por ejemplo, M. Esnaut [sic] Pelterie ha
calculado que un vagón-cohete, que pese mil kilos, con un motor alimentado
por la desintegración de sólo dos decigramos de radium, dispondría de
40.000 H.P. durante media hora. Lo suficiente para ir a la luna en 24
minutos 9 segundos y regresar de ese satélite en 3 minutos 46 segundos.
"Verdad
es que aún no sabemos utilizar la energía mecánica del radium como la
del petróleo. Pero no se necesita tanto para poder viajar modestamente
de Europa a Lima en un par de horas".
Paulet: pionero
de la educación técnica peruana
Pintura al
óleo de Pedro Paulet. (Autor desconocido)
En
1900, la vida de Paulet dio un giro particular. A raíz de varias responsabilidades
diplomáticas que le confirió el gobierno peruano, se incorporó a la
carrera diplomática. Lo asignaron primero como cónsul en París, y en
1902 se trasladó a Bélgica en calidad de cónsul general de Amberes.
Es aquí donde terminó sus bocetos del "Avión Torpedo, System Paulet".
El
gobierno peruano le asignó un sinnúmero de comisiones oficiales que
lo distrajeron de su proyecto. Pero el gobierno peruano también requería
de su asesoría técnica y científica para otros proyectos. Por ejemplo,
le pidieron evaluar la factibilidad de la aplicación de la telegrafía
inalámbrica en el Pacífico, y es sobre la base de sus estudios que se
instaló la telegrafía en el Perú.
En
1904, el gobierno peruano llamó a Paulet para que asumiera la fundación
y dirección de la Escuela de Artes y Oficios de Lima (predecesora del
actual Instituto Superior de Tecnología). Para realizar este proyecto,
Paulet estudió el currículo de los centros europeos de educación técnica
más destacados, e invitó a un distinguido equipo docente de ingenieros
para que lo ayudaran a fundar la escuela, misma que se dotó con los
mejores equipos de laboratorio para cumplir su cometido.
Tan
pronto asume el cargo de Director, en 1904, Paulet explica el porque
es necesario impulsar la enseñanza técnica. En un artículo suyo publicado
en la revista peruana "Prisma" dice: " Si de las artes aplicadas
pasamos a las producciones técnicas, todo ingeniero nacional o extranjero,
todo industrial o agricultor, todo constructor y empresarios sinceros,
nos dirán que faltan brazos para secundarlo. En mecánica, electricidad
y química, para el manejo de las máquinas, de las corrientes físicas
y de las transformaciones de la materia, si se necesitan ingenieros
diplomados , se necesitan también obreros de escuela. Faltan pues brazos
inteligentes al lado de las activas cabezas con que cuenta el país,
faltan obreros carpinteros, ebanistas, maqueteros y carroceros, cerrajeros,
orfebres, tallas, grabadores y plomeros ajustadores, caldereros,fundidores
y maquinistas, mecanicos de presición, ópticos y electricistas, ensayadores
y droguistas, faltan también obreros tipógrafos, fotocopistas, litógrafos
y encuadernadores, ceramistas, decoradores etc, etc....no ya extranjeros
sino nacionales, no ya aficionados sino de escuela...Y es porque esto
falta que se ha fundado la Escuela de Artes y Oficios".

Escuela de
Artes y Oficios de Lima (1905).
Paulet
combinó la dirección de la Escuela con la dirección de la revista que
fundó, Ilustración Peruana. Esta revista, dirigida a los jóvenes,
destacó por su orientación científica y técnica, y tenía como objetivo
transmitir en los jóvenes la vocación por la ingeniería y, en especial,
por la aeronáutica.
También
hizo de ella un vehículo para atraer la atención del gobierno peruano
al fomento e inversión en la vocación y la investigación científica.
Las disertaciones de Paulet en la Sociedad de Ingenieros sobre las ventajas
del fomento de la educación en las ciencias y la ingeniería en Perú,
también fueron muy célebres.
La
edición del 7 de diciembre de 1910 de Ilustración Peruana, por
ejemplo, se dedicó a informar de la construcción, en 1908, del primer
monoplano peruano. La construcción de este monoplano de 36 pies, la
realizó el ingeniero peruano Carlos Tenaud Pomar, en la Escuela de Artes
y Oficios. Tenaud, educado en el Liceo Carnot de Francia, vino a Lima
con Paulet para colaborar en el proyecto de la escuela.
Paulet
también promovió la fundación de un "club de aviación", o "aerostación"
en Lima, a fin de "fomentar los esfuerzos de nuestros inventores" y
"alentar a nuestros futuros aerostatas". Fundó la Liga Pro Aviación,
institución que organizó los primeros vuelos en el Perú.
Aunque
Paulet buscó, a través de la Liga Pro Aviación, apoyo económico del
gobierno peruano para construir el prototipo de su nave, no lo consiguió.
A cuatro años de consolidada la Escuela, y ya con renombre, Paulet decide
regresar a Europa para buscar financiamiento allí y proseguir con el
desarrollo de su proyecto aeroespacial.
Él
persistió, a pesar de que la guerra y la falta de financiamiento conspiraron
en su contra. Aunque su familia radicaba en Londres, Paulet viajó por
varias naciones europeas para cumplir con encargos diplomáticos del
gobierno peruano y para buscar financiamiento, sin éxito, para su proyecto.
En 1929, lo enviaron a Rotterdam como cónsul general del Perú. Sin perder
de vista su objetivo, buscó allí la colaboración de dos destacados ingenieros,
Hans Doerr y Philip, y con ellos construyó de nuevo el prototipo del
"motor Paulet". Años antes, la guerra había dañado su primer prototipo.
Mientras construía su motor, y el prototipo de su "Avión Torpedo",
Paulet enfrentó nuevos problemas, propios del desarrollo de un proyecto,
tales como la necesidad de proveer un abasto permanente de energía eléctrica
al interior de la nave. Al respecto, Paulet escribió en sus notas de
1931: "He ideado un sistema de pared termoeléctrica que produce electricidad
en pleno vuelo. Este dispositivo es muy importante por la enorme diferencia
de temperatura que existe entre el interior del vehículo, donde la temperatura
tiene que ser normal, y el exterior en la atmósfera, donde es muy fría.
Las pilas termoeléctricas son ya muy conocidas, pero lo que faltaba
era aplicarlas a dotar de electricidad a una habitación ambulante".
Los
trabajos de Paulet trascencieron a la prensa de Rotterdam. Uno de los
tantos artículos sobre su invento, en resumen, dice: En Rotterdam se
realizan actualmente experiencias cuyos resultados revolucionarán "la
práctica de la navegación aérea. El ingeniero Paulet, después de más
de 30 años de investigación y experimentos, propone un nuevo sistema
de navegación aérea, fundado sobre principios completamente diferentes
de los ahora conocidos y aplicados. El avión del Señor Paulet no lleva
planeadores, ni fuselaje con alas, ni motor con gasolina, ni hélices.
Se compone esencialmente de un esferoide en duraluminio, con interior
de acero, y mide tres metros y medio de largo por dos y medio de ancho.
En esta célula o cabina, parecida a la del profesor suizo Augusto Picard,
que él usa para sus estudios de la estratósfera, hay sitio para tres
o cuatro tripulantes".
Paulet
empezó a recibir el reconocimiento de científicos de renombre como el
precursor de los motores a reacción para la propulsión de cohetes. La
fama de su invento trascendió Europa, y recibió una millonaria oferta
del estadounidense Henry Ford para "comprar" su invento, con la idea
de adaptar los cohetes de su "Avión Torpedo" a sus carros. Ford le sugirió
a Paulet que renunciara a la nacionalidad peruana y que adoptara la
estadounidense, para poder patentar su invento como estadounidense.
Pero Paulet rechazó la oferta porque, dijo, él había diseñado su Avión
Torpedo para "navegar 348.000 kilómetros en el espacio sideral, hasta
tocar el suelo lunar".
También
la Sociedad Astronáutica Alemana lo invitó a unirse a un equipo de científicos
para estudiar la propulsión de naves por cohetes, propuesta que se le
presentó como la oportunidad para probar su invento. Pero al enterarse
de que se usaría para fabricar un arma que doblase el alcance del "Cañón
Gran Bretaña", rechazó la oferta.
En
1932, en medio de todo esto, el gobierno peruano lo nombró cónsul general
en Yokohama, Japón. Mientras ejerció este cargo, se compenetró con el
modelo económico japonés, a raíz de lo cual publicó un libro titulado
El Japón moderno y sus bases económicas. También escribió una
serie de informes para la cancillería peruana, que incluían propuestas
para el desarrollo del Perú, inspiradas en el modelo económico japonés.
-Escrito.jpg)
Luego,
convocaron a Paulet a trabajar en la cancillería peruana de 1935 a 1941.
En este periodo, construyó de nuevo una réplica de su "motor de reacción"
y de su "Avión Torpedo", y entregó sus bocetos al Ministerio de Aviación,
con la esperanza de conseguir financiamiento para continuar con el desarrollo
de su proyecto. Sin embargo, no tuvo eco, y en 1941 lo trasladaron a
Buenos Aires a cumplir otro encargo diplomático.
Pedro Paulet,
en su despacho en Lima, cuando regresa al Perú, tras 25 años
de ausencia para fundar, organizar y dirigir el Departamento Comercial
de la Cancillería peruana.
En
medio de la Segunda Guerra Mundial, Perú rompió relaciones diplomáticas
con Japón, y el hijo de Paulet (casado con una japonesa), quien había
resguardado sus prototipos del motor de reacción y del Avión Torpedo,
tuvo que abandonar de forma intempestiva el país. Aunque dejó guardados
los prototipos, éstos se perdieron por el abandono.
Paulet
murió en Buenos Aires en 1945, un año después que el británico Krank
Whittle, realizara un vuelo exitoso a bordo de un a vión propulsado
por un motor de reacción.
El testamento
de un cientifíco
En
su carta a El Comercio, Paulet escribió con la humildad propia
del científico: "Aun cuando no tengo noticia de que alguien se haya
ocupado, antes de mí, del avión-cohete, no pretendo reivindicar la paternidad
de ese invento, porque, como todo proyecto, no vale sino por su realización".
Del
mismo modo, aclara, "el proyecto del alemán Vallier ha sido precedido,
treinta años antes y aun tal vez con experiencias más concluyentes,
por el de un peruano", dice, refiriéndose a sí mismo.
Entonces, en un gesto que revela su convicción de que "la genialidad
no nace, sino se hace", y de que "todo niño peruano puede ser un científico"
porque todo hombre posee la chispa divina de la creación, delegó la
continuidad de su invento a los jóvenes científicos peruanos, diciéndoles:
"[Quiero] llamar la atención de los técnicos e inventores de nuestro
país sobre este importante asunto. En efecto, lo que por desgraciadas
circunstancias no he podido lograr, bien puede obtenerlo, para gloria
y provecho del Perú, algún otro compatriota mejor provisto".
-Sara-Megan.jpg)
La autora (izq.) con la hija de Pedro Paulet, Megan, en 1996.
El legado y los logros de Pedro Paulet son un ejemplo de las
posibilidades ilimitadas para la juventud peruana, y la
del mundo
entero.
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(*) Sara Madueño dirige la oficina de la revista EIR en
Lima, Perú y es , desde hace largo tiempo, colaboradora política del renombrado
estadista Lyndon
H. Larouche. Ella destaca que el presente artículo salda una vieja
deuda que tenía con la juventud iberoamericana, con Megan Paulet, hija
de Pedro Paulet, y con la memoria de su propia madre, Sara Paulet de Madueño,
sobrina de éste. Sara Madueño Paulet tomó las fotografías de los bocetos
y modelos que ilustran este artículo.
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Fuentes y
reconocimientos
Mis
pláticas con mi tía abuela Megan Paulet fueron inspiración y fuente
de primera mano para la elaboración de este artículo. Mi especial agradecimiento
a ella.
Pedro
Paulet escribió la carta a El Comercio el 25 de agosto de 1927,
mientras se encontraba en un congreso en Roma. El texto íntegro de esta
carta aparece como apéndice en el libro de Megan Paulet, Pedro Paulet,
padre de la Astronomía, publicado en 1988 por el Consejo Nacional
de Ciencia y Tecnología (CONCYTEC) de Perú.
La
exposición de febrero de 1996, "Pedro Paulet: precursor de la era espacial",
en el Instituto de Estudios Históricos Aeroespaciales de Perú, incluyó
bocetos originales de los inventos de Paulet. Hoy puede verse en el
Museo Paulet del Instituto, en su nativa Arequipa, y es la fuente de
las ilustraciones para este artículo.
Los
bocetos y replicas a escala de su "motor a reacción", de su "girándula",
y de su "Avión Torpedo", se encuentran en la Sala Pedro Paulet del Museo
de la Aeronáutica de la Fuerza Aérea peruana, en Lima, Perú.
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