El siguiente estudio de un programa conjunto México–Estados Unidos
para desarrollar el Gran Desierto Americano, es una versión ampliada
de una presentación que hizo Dennis Small, director general de Resumen
ejecutivo de EIR, el 12 de abril de 2003, en un seminario del Movimiento
de Juventudes Larouchistas en la ciudad de México. Los investigadores
Richard Freeman, en Washington, y Ronald Moncayo, en la ciudad de México,
también contribuyeron a la realización de este estudio.
En ninguna parte
es tan evidente la bancarrota del modelo económico de libre cambio,
como en la relación México–EU. Por dos décadas, México ha seguido las
recetas neoliberales del Fondo Monetario Internacional (FMI). Y en los
últimos diez años, el Tratado de Libre Comercio (TLC) ha entronizado
y formalizado esas mismas políticas destructivas, como tratado internacional
entre México, EU y Canadá.
El
resultado se expresa de la manera más visible en la adicción mexicana
a la lacra económica llamado maquiladoras. Nos referimos al hecho
de que toda la economía mexicana se ha orientado a depender de las exportaciones
a EU, que es a donde hoy se dirige más del 90% del total, y que esas
exportaciones vienen principalmente de las maquiladores y su mano de
obra esclava. Hoy día, el número de empleados en el sector maquilador
en México es mayor que el empleo en todo el resto del sector manufacturero
mexicano; esto a pesar de la reciente contracción del empleo, hasta
en el sector maquilador.
Las
maquiladoras en realidad no forman parte de la economía mexicana, son
enclaves extranjeros cancerosos en territorio mexicano, que usan mano
de obra barata mexicana, energía barata mexicana, y agua barata
mexicana para exportar a EU y luego pagar la deuda externa con los dólares
así obtenidos.
Por
su parte, EU ha dejado de producir lo que necesita, y sus importaciones,
su déficit en cuenta corriente y su espeluznante deuda son insostenibles.
Su desintegración económica está llevándose consigo al sistema financiero
mundial.
Sin
lugar a dudas, hay que desmaquilizar a México y su relación con
EU. Pero, ¿cómo hacer eso, sobre todo ante la disyuntiva planteada por
la guerra imperial contra Iraq, que inauguró la nueva era de la ley
de la selva en la política internacional? ¿Cómo responder ante el fin,
tanto del modelo económico vigente, como del modelo político?
Esta
pregunta se hace hoy, no sólo en México, sino en todas las naciones
en vías de desarrollo y también en los países desarrollados.
Para
abordar esa cuestión, retomemos lo dicho por Lyndon H. LaRouche en su
visita a Saltillo, México, en noviembre de 2002. Al inquirírsele cómo
podrían reconstruirse las relaciones entre México y EU sobre una base
sana, LaRouche respondió: México y EU, juntos, tenemos que desarrollar
el Gran Desierto Americano (ver "Las órbitas deben medirse cual
órbitas planetarias", en el Resumen ejecutivo vol. XX, núm. 4,
de la 2a quincena de febrero de 2003, donde se reproduce la entrevista
que le hiciera a LaRouche la revista Hipatia de la Universidad
Autónoma de Coahuila, en México, el 5 de noviembre de 2002).
El
Gran Desierto Americano es una región que abarca un área importante
del norte de México y del suroeste de EU. Hay que desarrollarlo de manera
combinada, planteó LaRouche, en tres áreas generales de infraestructura:
el agua, con grandes obras hidráulicas; ferrocarriles de alta velocidad
y otros sistemas de transporte; y energía. Todo esto, subrayó, tiene
que hacerse desde la óptica metodológica de Vladimir Vernadsky y su
ciencia de la biogeoquímica, que plantea el dominio de la noosfera
—es decir, de la mente creativa humana—, tanto sobre la biosfera viva,
como sobre la materia inerte del universo.

Desierto de California.
Vernadsky nos da la pista para resolver la pregunta quizás más vieja,
y a la vez más elemental, que surge cuando se habla del desarrollo:
Con tantas cosas urgentes por hacer, con tantas necesidades, tanta pobreza
en el mundo, ¿cómo decidimos qué hacer primero? ¿Cuál es la trayectoria
a seguir? ¿Qué debemos optimizar? ¿Y cómo medirlo?
¿Y
cómo desmaquilizar? Eso se tiene que hacer, respondió LaRouche, aprovechando
la cercanía de México con EU, cercanía que hasta la fecha ha representado
gran parte del problema que México enfrenta. México necesita una mayor
integración con el vecino del norte; pero tiene que ser una integración
diferente a la actual, del TLC. En materia de política exterior, EU
tiene que regresar a la orientación de John Quincy Adams, quien, como
secretario de Estado de los EU a principios del siglo 19, planteó la
necesidad de que EU, como nación soberana, se relacione con otras naciones
soberanas al sur del país, en una relación fincada en el desarrollo
económico mutuo, en una comunidad de intereses.
En
1982, LaRouche reafirmó esta tradición de Quincy Adams en su famoso
documento Operación Juárez, que escribió tras una visita a México
en mayo de 1982, en la que tuvo lugar su histórica reunión con el entonces
presidente José López Portillo. En Operación Juárez, LaRouche
instó a las naciones de Iberoamérica a integrarse y a colectivamente:
a) exigir una reorganización global de su deuda externa y un nuevo sistema
monetario mundial; b) establecer sistemas de banca nacional en sus respectivas
naciones, bajo el modelo establecido por Alexander Hamilton y su Sistema
Americano de economía política; c) establecer un mercado común y emprender
grandes proyectos de desarrollo por toda la región; y, d) cooperar con
EU y otras naciones en estos proyectos conjuntos de infraestructura,
bajo la perspectiva de intercambiar las materias primas iberoamericanas
(tales como el petróleo) por tecnologías del sector avanzado.
Tal
colaboración México–EU para el desarrollo económico conjunto ha funcionado
en el pasado, y puede hacerlo de nuevo. Es a esta tradición —la de Quincy
Adams y la de LaRouche en 1982— a la que debe tornar la región.
Transformando
el desierto en vergel

Mapa 1: Puente Terrestre Mundial.
Empecemos por el Puente Terrestre Mundial (ver mapa 1). LaRouche
ha planteado la urgencia de sustituir el sistema financiero del FMI
con un Nuevo Bretton Woods, y de construir la gran obra de infraestructura
conocida como el Puente Terrestre Eurasiático, para remolcar la economía
mundial. En el mapa 1, las líneas sólidas representan ferrovías
que ya existen. Como se aprecia, dos de las tres rutas principales del
Puente Terrestre Eurasiático ya son una realidad. Hay una ruta en el
norte que pasa por toda Rusia, el ferrocarril transiberiano, que está
funcionando y corre desde Vladivostok hasta Rotterdam. La segunda ruta,
la central, se inauguró en mayo de 1996, y pasa por China conectándose
con Europa Occidental. La ruta que todavía no está abierta es la que
pasa por el Sudeste Asiático y la India, en el sur. Aún no se terminan
de construir todas las conexiones necesarias.
Como
se aprecia en el mapamundi, tampoco se han construido los ejes prioritarios
del Puente Terrestre Mundial en África e Iberoamérica, como también
quedan por construirse, entre otras, las dos grandes obras que vinculan
a las Américas al Puente Terrestre Eurasiático: el túnel por debajo
del estrecho de Bering, y el ferrocarril que cruza el Tapón del Darién.
LaRouche ha subrayado que estas rutas no deben ser simplemente líneas
ferroviarias, sino corredores industriales, de unos 100 km de ancho,
para traer la industrialización, la tecnología avanzada y la construcción
de nuevas ciudades a los lugares más remotos y subdesarrollados del
interior de los continentes.
No
hay nada más subdesarrollado que las áreas desérticas y semidesérticas
del mundo, como se ve en el mapa 2. En general, se consideran
desiertos aquellas regiones que reciben una precipitación media anual
de 250 mm o menos. Las áreas semidesérticas o semiáridas, son aquéllas
que reciben entre 250 y 500 mm de precipitación anual. En el mapa
2, el área sombreada abarca los desiertos y los semidesiertos, es
decir, las regiones donde la precipitación media anual es de 500 mm
o menos.

Mapa 2: Puente Terrestre Mundial y los principales desiertos del
planeta.
Los
principales desiertos del mundo se ubican dentro de estas regiones.
Cabe señalar que, además de desiertos calientes, existen también desiertos
fríos, donde la poca precipitación que hay toma la forma de nieve, y
no de lluvia. El desierto más grande del planeta, el desierto del Sahara,
es un desierto caliente, y cubre unos 9,1 millones de km2. El segundo
en tamaño (con 3,7 millones de km2), en realidad es una serie de desiertos
en China y Asia Central (como el Gobi, el Takla–makan y otros), que
son desiertos fríos. El tercero es el de Arabia (caliente), empatado
con el de Australia con 2,3 millones de km2.
El
quinto desierto más grande de todo el planeta es el susodicho Gran Desierto
Americano, que cubre buena parte del norte de México, casi todo el suroeste
de EU y llega hasta Canadá. Tiene partes calientes y partes frías. En
total, abarca unos 1,7 millones de km2; casi la quinta parte del Sahara.
Ahora
consideremos la relación entre los desiertos y los corredores de desarrollo
del Puente Terrestre Mundial. Lo primero que hay que destacar, es que
al hablar de desarrollar los desiertos, estamos planteando la tarea
más difícil del desarrollo planetario. Es mucho más fácil desarrollar
áreas con cierta disponibilidad de agua; digamos, la Pampa húmeda de
Argentina o el Sudeste Asiático. El agua es fundamental, no sólo para
la agricultura, sino también para la generación de electricidad y la
industria en general. La tabla 1 da una idea de la cantidad de
agua requerida para satisfacer algunas de las necesidades más básicas
de la vida cotidiana moderna.

Tabla 1
¿No
será excesiva osadía de nuestra parte proponer llevar el nivel de desarrollo
que indican estos parámetros, a los desiertos del mundo? ¿No estaremos
agotando toda el agua aprovechable y los otros recursos naturales que
existen en el planeta?
En
absoluto. Además de transferir agua de una cuenca hidrológica a otra,
donde sea factible y convenga, el hombre es perfectamente capaz de fabricar
agua aprovechable con la desalación de agua de mar. Si disponemos de
suficiente energía —lo que significa desarrollar la energía nuclear—,
puede desalarse el agua de mar de una forma perfectamente eficiente,
en términos físico–económicos.
Y como
aliciente, tenemos ejemplos exitosos de transformación del desierto.
El Valle Imperial de California, en EU, es quizás el caso más famoso,
como detallaremos más adelante.
Regresando al mapa 2, hay un segundo aspecto importante que
salta a la vista. De todas las rutas del Puente Terrestre Mundial que
pasan por los diferentes desiertos, sólo el de América del Norte, el
Gran Desierto Americano, abarca a un país en vías de desarrollo (México)
y a uno desarrollado (EU). Qué interesante que pudiéramos resolver
el problema del desarrollo, no sólo en un desierto, sino también dónde
se requiere un cambio de paradigma en las relaciones norte–sur para
lograrlo.
Así
que estamos planteando un reto que es difícil, no sólo en lo econonómico,
sino también en lo político. Y si logramos resolverlo en este
caso, lo habremos resuelto, en principio, para todo el mundo. Es decir,
a escala global, debemos abordar dos problemas a la vez: el fin del
modelo económico de libre cambio, que ha desatado una desintegración
económica mundial, y el fin del modelo político de respeto al Estado
nacional soberano y de convivencia internacional mínima que ha prevalecido
—mal que bien— desde la Paz de Westfalia de 1648. México y EU siempre
han sido el caso clave, la prueba tornasol de las relaciones norte–sur
en general. Si no se logra lo necesario aquí, no se logrará en ninguna
parte. Y si se logra entre EU y México, entonces hay esperanza para
todo el mundo, hasta para la martirizada África y su desierto del Sahara.
Éste
es el significado de nuestro Proyecto de Desarrollo del Gran Desierto
Americano.
El Gran Desierto
Americano

Mapa 3: El Gran Desierto Americano.
En
el mapa 3 vemos el Gran Desierto Americano. Dentro de esta región
desértica y semidesértica, con 500 mm o menos de precipitación anual,
se encuentran los cuatro grandes desiertos de América del Norte:
1)
La Gran Cuenca: La más grande del continente (830.000 km2), es
un desierto frío ubicado totalmente en territorio estadounidense. Abarca
casi la totalidad de los estados de Nevada y Utah, partes de Colorado,
Arizona y Nuevo México, y se extiende hasta Oregon, Idaho y Wyoming
en el norte.
2)
El Desierto de Mojave: está principalmente en California y el
sur de Nevada. Su extensión es de unos 140.000 km2, y es el lugar más
seco y caliente de EU. Ahí se localiza el famoso Valle de la Muerte
de California.
3)
El Desierto Sonorense: tiene unos 310.000 km2, parte en EU (Arizona
y el sur de California), y parte en México (los estados de Baja California
Norte y Sur, y por supuesto Sonora).
4)
El Desierto Chihuahuense: con 455.000 km2, abarca no sólo parte
de los estados mexicanos de Chihuahua y Coahuila, sino también partes
de Texas y Nuevo México en EU.
Juntos,
estos cuatro desiertos norteamericanos tienen una extensión de más de
1,7 millones de km2; un área casi igual a la superficie de México (1.964
millones de km2).

Mapa 4: La zona de desarrollo de México y EU
Dentro
de esta región, escogimos seis estados mexicanos y siete estadounidenses
para nuestro enfoque programático (ver mapa 4):Chihuahua, Coahuila,
Nuevo León, Durango, Zacatecas y San Luis Potosí en México; y Nevada,
Utah, Colorado, California, Arizona, Nuevo México y Texas en EU. Es
evidente que las zonas hidrológicas de un país no necesariamente corresponden
a las divisiones políticas en estados, pero para fines de cálculo y
presentación del material, tomamos estos 13 estados como nuestra "zona
de desarrollo", que en general sufre una grave escasez de agua e infraestructura
energética y de transporte.

Mapa 5: Principales cordilleras de México.
En
México, hablamos de los estados norteños "abrazados" por las dos grandes
cordilleras, la Sierra Madre Occidental y la Sierra Madre Oriental (ver
mapa 5). Esta región es una altiplanicie desértica y semidesértica,
mientras que el agua aprovechable de que dispone México se encuentra
en las costas, especialmente en el sur del país, en el istmo de Tehuantepec,
por el lado del golfo de México.
En
estos seis estados, en términos relativos no hay agua, no hay ferrocarriles,
no hay energía y no hay población. Es una zona realmente abandonada.
Comprende el 37% del territorio nacional, pero sólo tiene el 15% de
la población total. Por tanto, su densidad demográfica es de 21 habitantes
por kilómetro cuadrado, comparada con el promedio nacional de 51 (ver
tabla 2).
Tiene
escasa industria. Se puede decir que la actividad económica predominante
son las maquiladoras. Chihuahua, por ejemplo, es el primer estado mexicano
en cuanto a empleo en maquiladoras, con 263.000 trabajadores en el sector
(el 24% del empleo total nacional en maquiladoras), lo que equivale
a más o menos el 25% de la población económicamente activa (PEA) del
estado. Coahuila es el tercer estado en empleo total en maquiladoras
(116.000, el 11% del total nacional); en este caso, eso corresponde
al 15% de la PEA estatal.
Este
fenómeno aberrante de tener maquiladoras en medio del desierto
—un desierto tanto literal, como de falta de infraestructura y actividad
económica productiva— está íntimamente relacionado con el problema de
la migración, que tanto ha dominado las relaciones entre México y EU
últimamente. Se calcula que hay unos 9 millones de mexicanos en EU,
algunos legales, otros ilegales. Esto equivale a casi el 10% de la población
nacional, de 101 millones. En el 2002, estos inmigrantes enviaron unos
9.800 millones de dólares en remesas a México, más que los 8.900 millones
que entraron por concepto de turismo ese año. El único renglón de la
cuenta corriente mexicana que supera las remesas, son las exportaciones
de petróleo, con 14.500 millones de dólares en el 2002.
El
mapa 6 nos revela una relación geográfica y económica muy significativa.
La mitad de la población mexicana, unos 50 millones de habitantes, se
concentra en una franja de siete entidades federativas en el centro
del país: Jalisco, Michoacán, Guanajuato, Estado de México, ciudad de
México (la capital del país), Puebla y Veracruz. Las principales "entidades
federativas expulsoras de migrantes internacionales" —para usar la terminología
del propio Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática
(INEGI)— coinciden en gran medida con esa franja demográfica. Los seis
estados indicados en el mapa son los lugares de origen de más o menos
la mitad de todos los inmigrantes, la inmensa mayoría de los cuales
van a EU. Nuestra proyectada "Zona de Desarrollo del Norte", hoy día
sólo retiene una pequeña porción de esos inmigrantes, y eso en los campos
de concentración denominados maquiladoras. Es decir, no hay nada,
ninguna actividad económica productiva que los detenga en México.

Mapa 6: México:población, migración y desarrollo.
Sin
embargo, al convertirse en una verdadera zona de desarrollo con grandes
obras de infraestructura, como las que plantearemos más adelante, estos
seis estados podrían darle empleo productivo, no sólo a sus propios
habitantes actuales, sino a millones de mexicanos que hoy terminan,
o en las maquiladoras, o al otro lado de la frontera, o sufriendo desempleo
y hambre en sus estados de origen.
En
EU también existen condiciones de subdesarrollo relativo en los estados
de Nevada, Utah, Colorado, Arizona y Nuevo México. California y Texas
tienen un desarrollo relativamente superior, pero los incluimos en este
estudio por razones que detallamos a continuación.
Aproximadamente 85% del territorio de los siete estados considerados,
forma parte del Gran Desierto Americano, y se encuentra muy subpoblado
y subdesarrollado. En general, tiene pocas manufacturas o industria;
un sistema ferroviario que se cae a pedazos; un abasto de agua limitado,
y que se reduce a paso acelerado; y fuentes de energía bastante inadecuadas.
Todo esto es resultado de la política oligarca de subdesarrollo forzado
que el presidente Teddy Roosevelt impuso en el período de 1901–1909.
Esta política obstruyó la construcción de una serie de obras de infraestructura
vitales, y se ha mantenido vigente la mayor parte de los últimos 100
años, con unas cuantas excepciones notables.
California y la mitad oriental de Texas han tenido algo de desarrollo,
y fueron excepciones al panorama general, pero en las últimas décadas
también han sufrido muchos de los problemas de la región.
La
tabla 3 muestra lo subpoblado de la región. En el 2000, la región
de los siete estados tenía 70,2 millones de habitantes, que representaban
el 25% de la población estadounidense, y un área total de 2,49 millones
de km2, que representa el 26% del territorio nacional. Así, la densidad
de población promedio de la región de los siete estados es prácticamente
la misma que el promedio nacional de 29 habitantes por kilómetro cuadrado.
Pero,
nótese que casi 55 millones de personas (más de tres cuartas partes
del total) en los siete estados, reside en sólo dos de ellos, California
y Texas. De hecho, a Texas más bien se le considera como dos estados
en uno: el este y centro–sur de Texas, que incluye a Dallas, Houston
y San Antonio, con una población y actividad industrial significativas;
y la gran zona del oeste texano, subdesarrollada y con muy poca población.
Para
poder apreciar qué tan subpoblada está la región de los siete estados,
debe compararse su densidad de población con la de Ohio, un estado industrializado
que también cuenta con un sector agrícola de buen tamaño. Ohio tiene
una densidad de población de 98 habitantes por kilómetro cuadrado. Como
muestra la tabla 3, Nuevo México sólo tiene el 6% de la densidad
de población de Ohio; Nevada, sólo el 7%; e incluso Texas nada más tiene
el 31%.
La
tabla 4 muestra el subdesarrollo de la mano de obra de la región
de los siete estados, en especial en el sector manufacturero, que también
en este caso se concentra en California y Texas. De los 31,4 millones
de trabajadores no agrícolas y 3,4 millones de manufactureros, unos
asombrosos 77 y 83%, respectivamente, se concentran en California y
Texas (principalmente en la porción oriental de este último). Los otros
estados tienen un fuerza laboral manufacturera que, en promedio, representa
sólo 8% del total de la fuerza de trabajo; esto es, apenas si existen
las manufacturas, y que crezcan. La fuerza de trabajo de las manufacturas
en EU, constituye apenas el 12% del total de la fuerza laboral no agrícola,
muy por debajo del 22,4% que representaba en 1980. He ahí el precio
de la desindustrialización.
El ejemplo
de Roosevelt
Hemos
escogido lo que evidentemente es la zona binacional más abandonada,
esencialmente por lo mismo que el presidente estadounidense Franklin
Delano Roosevelt lanzó en 1933 el programa de la Tennessee Valley Authority
(Administración del Valle del Tennessee) o TVA. En esa época, esa región
era la más atrasada del país, con una pobreza extrema sobre todo en
los montes Apalaches. Roosevelt quería demostrar que, con una movilización
de los recursos y capacidades nacionales, dirigida por el Estado, EU
podría derrotar la depresión económica de los 1930, y resolver los problemas
más difíciles del desarrollo.
Con
ese fin, lanzó lo que denominó su plan de "los cuatro cuartos", para
desarrollar las cuatro esquinas del país con grandes obras de infraestructura
(ver mapa 7). Lo que se hizo en el suroeste es de particular
pertinencia al tema de este estudio. Ahí se domó al río Colorado, que
antes causaba terribles pérdidas en épocas de inundación, con la construcción
de una serie de presas hidroeléctricas a lo largo de su recorrido, en
su mayoría concentradas cerca de Boulder City, Nevada, que no sólo abastecieron
de agua a regiones sedientas, sino también una cantidad considerable
de electricidad.

Mapa 7: Plan de Roosevelt para desarrollar los 'cuatro cuartos'
de EU
La
obra más importante es la presa Hoover, que se terminó de construir
en 1935. En su momento, fue la más grande del planeta y permitió abrir
a la agricultura todo el sur de California —incluido el famoso Valle
Imperial— gracias a la gran cantidad de agua enviada a esa región por
el Canal Todo Americano.
¿Qué
era el Valle Imperial antes de la construcción de estas obras? Desierto;
formaba parte del Gran Desierto Americano. ¿Y cómo hicieron? Con agua,
ingentes cantidades de agua suministrada de forma económica y confiable,
gracias a la regulación del gobierno federal. Es un buen ejemplo de
lo que es factible con un desarrollo combinado de México y EU.
El
mapa 8 presenta la precipitación media anual en el norte de México.
(Nos basamos en información oficial del INEGI, que usa parámetros de
precipitación de 0–300 mm, y de 300–600 mm, parecidos, pero no idénticos,
a los que usamos en el resto de este estudio, que son de 0–250 mm y
de 250–500 mm.)

Mapa 8: Precipitación anual y desiertos de México.
También
puede observarse la relación de estas zonas con los seis estados de
nuestro estudio.
La
tabla 5 presenta la precipitación media anual en varios estados
de México, según su orden entre las 32 entidades federativas (el promedio
nacional es de 772 mm por año). Los dos estados más lluviosos son Tabasco,
con 2.413 mm, y Chiapas, con 1.961 mm, ambos ubicados en el istmo de
Tehuantepec. Ahí también se ubican los dos ríos más caudalosos del país,
el Grijalva y el Usumacinta.

Tabla 5
Los
estados más áridos son Baja California Sur y Baja California Norte.
Los estados objeto de nuestro estudio también figuran entre los más
áridos del país. La única excepción es San Luis Potosí, porque la parte
oriental del estado está del otro lado de la Sierra Madre Oriental,
en una zona tropical donde hay mucha lluvia.
Del
lado estadounidense, la región de los siete estados, aunque con una
baja precipitación anual, aporta una cantidad considerable del abasto
de agua de la nación. Dicho abasto procede de dos fuentes: superficial
(ríos y lagos) y freática (principalmente acuíferos). En 1995 (último
año del que hay información disponible), esta región aportó 126 mil
millones de m3 de agua, lo que constituye casi 27% del abasto nacional.
De esa agua, un sorprendente 71% se usó en irrigación; mucho más que
el promedio nacional, de 42%. Los otros tres usos principales que tuvo
el agua en esta región fueron el abasto público (13% del total), el
enfriamiento de plantas termoeléctricas (11%), y el industrial (2%).
Sin
embargo, el abasto de agua per cápita en esta región ha venido cayendo
de forma pronunciada, aun con mayor celeridad que el promedio nacional
(ver gráfica 1). Si se toma el abasto de agua dulce y salobre
combinada, en 1970, en la región de los siete estados, el abasto era
de 10,6 m3 diarios per cápita; para 1995, había caído a 6,3 m3. Un desplome
del 41% en 25 años. Esta región en extremo árida, ahora aporta casi
la misma cantidad de agua per cápita que el promedio nacional.

Gráfica 1
¿Cómo
puede sobrevivir esta región con menos agua? La disminución per cápita,
tanto a nivel regional como nacional, representa en parte una mayor
eficiencia en el aprovechamiento del agua, mediante los sistemas de
riego por goteo en la agricultura y algunos usos más eficientes en la
industria. Sin embargo, fundamentalmente refleja una caída en el consumo
de agua necesario para sostener la existencia humana en una economía
moderna. Esto ha incluido el cierre de fábricas. Pero en las dos últimas
décadas, EU también ha exportado cada vez más la producción de bienes
y alimentos a otros países, sobre todo a México con el TLC. Cuando México
produce la mayoría o todas las partes de un automóvil (lo que requiere
unos 245 m3 de agua), y envía tomates, bróculi y demás a EU, tiene que
cubrir los requerimientos de agua para producir tales productos.
El
costo físico económico de la actividad maquiladora y otras relacionadas,
de ningún modo se ha cubierto; eso requeriría una gran inversión en
infraestructura para el agua, la industria y la agricultura en México,
cosa que por supuesto no ha ocurrido. Así que el régimen del TLC y las
maquiladoras ha significado el saqueo físico económico de los recursos
hídricos de México, así como de su mano de obra barata. De hecho, todo
el escándalo internacional que inició el Departamento de Estado de EU,
sobre cómo México le "debe" agua del río Bravo a EU —río que ambos países
comparten—, sólo demuestra la locura de esta perspectiva económica de
contador. La realidad físico económica es exactamente la contraria.
Sin
embargo, aun la reducida proporción de agua que se usa en EU excede
las fuentes actualmente disponibles, al igual que en México. En otras
palabras, a la economía física estadounidense también la está
saqueando la falta de inversión en infraestructura hidráulica. En el
libro de 1997, Pillar of Sand (Pilar de arena), la autora Sandra
Postel informó: "California está sobreexplotando los mantos freáticos
a un ritmo de 1.600 millones de m3 al año, equivalentes al 15% del agua
freática neta que se aprovecha anualmente en el estado. Dos tercios
de este agotamiento ocurre en el Gran Valle, que abastece la mitad de
las frutas y vegetales de la nación". En 1996, Marcia Merry–Baker de
EIR informó que California obtiene el 40% de su agua bombeándola
de los mantos freáticos, y que 11% de los cincuenta principales acuíferos
del estado se sobreexplotaban.
El
gran proyecto de Roosevelt de la presa Hoover, brindó una gran cantidad
de agua del alguna vez indómito río Colorado a muchos de los siete estados
en consideración, incluyendo una cantidad importante de agua para la
ciudad de Los Ángeles. Pero el proyecto tiene casi 70 años, y el nivel
del río Colorado ahora está tan bajo, que hay guerras casi a tiros entre
Arizona y California por el uso del agua.
1 m3 ≠
1 m3
En
la tabla 6 se hace una comparación internacional de la extracción
de agua. En el caso de México, se extraen unos 72 km3 de agua por año
(1 km3 = 1.000 millones de m3). En España son 33 km3; y en EU se extraen
469 km3. Si tomamos la proporción entre México y EU, vemos que México
extrae el 15% de lo que extrae EU; lo que debiera sorprendernos, dado
el relativo subdesarrollo de México comparado con EU.

Tabla 6
Ahora
veamos la cantidad de agua disponible por persona en el país en su totalidad,
que se calcula dividiendo la extracción entre la población total. México
tiene 715 m3 per cápita; España 837 m3; y EU 1.688 m3. Por habitante,
México dispone de 42% de lo que se tiene en EU. Esta proporción ya debe
empezar a desperta nuestra curiosidad, porque nos está diciendo que
cada mexicano dispone de casi la mitad del agua de que dispone cada
estadounidense. Uno esperaría que México, dado su relativo subdesarrollo,
tendría una proporción mucho menor.
Pero
ahora hagamos la comparación echando mano de una tercera métrica: la
extracción de agua por kilómetro cuadrado de territorio nacional. En
el caso de México son 37 mil m3 de agua por km2; en España, son 66 m3;
y en EU, 49 m3. Aquí, la proporción entre México y EU es de 76%. Es
decir, en promedio cada kilómetro cuadrado de territorio mexicano tiene
disponible para su uso más de las tres cuartas partes del agua que tiene
disponible cada kilómetro cuadrado de EU.
A estas
alturas, nuestra curiosidad ya está convirtiéndose en sorpresa: ¿Cómo
es posible que México, con su conocida escasez de agua en buena parte
de su territorio, tenga casi tanta agua disponible por kilómetro cuadrado
como EU? ¿Será que no existe la relación entre el agua y el desarrollo
que planteábamos al inicio de este estudio? ¿O será, quizás, que un
metro cúbico de agua en México no es igual a un metro cúbico
de agua en EU, en términos físico–económicos?

Para
pasar de la curiosidad, a la sorpresa, a la solución de la paradoja,
examinemos otra faceta de la cuestión: el uso que se le da al agua extraída.
Como se ve en la gráfica 2, el sector agropecuario en México
usa el 80% del total; en España, 62%; EU, 42%. El uso público urbano
es igual en los tres casos, 12%. La gran variación está en el uso industrial:
8% en México, 26% en España, y 46% en EU. Esto nos sugiere que el valor
físico–económico del agua no es una cantidad escalar (ya demostramos
que 1 m3 ≠ 1 m3), sino que depende, entre otras cosas, del uso
que se le da. A esto hay que agregarle que, en México, sólo se irriga
el 30% de la superficie cultivable, o sea unos 6.300.000 hectáreas.
Y de esas hectáreas irrigadas, sólo 700.000 —es decir, el 11% del total
irrigado— están tecnificadas.
Es
decir, en México, agua hay; por lo menos relativamente y como
promedio nacional. Pero agua no es agua; 1 m3 de agua ≠ 1 m3 de
agua. Depende de la forma en que se organiza esa agua, es decir,
del nivel tecnológico general de la economía que le da forma a la manera
en que se aprovecha el metro cúbico de agua. En cierto sentido, eso
es obvio; pero también nos plantea algo fundamental en relación al problema
de la medición en una economía. Uno no puede medir con unidades fijas,
ya sean monetarias o físicas, porque la métrica cambia dependiendo de
la composición físico–económica, y especialmente tecnológica, de la
economía en su totalidad.
LaRouche ha hablado de algo similar en la cuestión de la energía.
Para empezar, energía no es el vocablo correcto, ya que en su
acepción moderna comunica un concepto escalar, o algebraico. Se debería
hablar más bien de poder, un concepto que viene de la física
platónica. LaRouche ha hecho hincapié también en el papel determinante
de la densidad de flujo energético de un proceso: que la eficiencia
en el uso de una kilocaloría o un kilovatio hora de energía, depende
de qué tan concentrado sea ese uso. Por ejemplo, un láser es más eficiente
que mil linternas, o un millón de velas, aunque tengan el mismo valor
escalar energético.
Del
mismo modo, quizás habría que empezar también a hablar de la densidad
de flujo hidráulico, y no simplemente de m 3 de agua.
Y así,
antes de presentar nuestra solución programática a la crisis que se
vive en México y EU, debemos remitirnos al concepto de noosfera
planteado por Vladimir Vernadsky —incluso para saber cómo medir una
economía—.
El aporte
de Vernadsky
Vladimir Vernadsky nació en 1863 y murió en 1945. Fue alumno del
gran científico ruso Dmitri Mendeléiev y proviene de la tradición clásica
rusa ligada a la tradición científica de Europa continental que se remonta
a Godofredo Leibniz. Vernadsky es uno de los padres fundadores del programa
nuclear soviético, y es el fundador de una rama de la ciencia física
que él mismo denomina la biogeoquímica.

Gottfried
Wilhelm Leibniz.
Veamos
un estudio que escribió Vernadsky llamado, Sobre la distinción energético
material esencial entre cuerpos naturales vivos y no vivos de la biosfera,
donde elabora su concepto de la noosfera. De entrada, Vernadsky afirma
que hay una diferencia energético material fundamental entre la materia
inerte —la materia abiótica, la materia no viva, como por ejemplo el
cemento, el plástico, el hierro, etc.— por un lado, y la materia viva
—la biosfera—, por el otro. Luego pasa a explicar que también hay una
diferencia entre la biosfera y la noosfera, es decir, que hay una diferencia
fundamental entre la materia simplemente viva, por un lado, y la materia
viva conciente, por el otro. Estas son sus palabras:
"Vivimos en una época geológica brillante y totalmente nueva.
El Hombre, por medio de su trabajo —y su relación conciente con la
vida— transforma la envoltura de la Tierra, la región geológica de
la vida, la biosfera. El Hombre la lleva a un nuevo estado geológico:
a través de su trabajo y su conciencia, la biosfera está en proceso
de transición a la noosfera. El Hombre crea hoy día procesos
biogeoquímicos que nunca antes habían existido.
"En
este proceso geológico —que es fundamentalmente biogeoquímico— una
sola unidad individual de materia viva, de entre la totalidad de la
humanidad —una gran personalidad, sea un científico, un inventor o
un estadista— puede ser de fundamental y decisiva importancia conductora,
y puede manifestarse ella misma como una fuerza geológica".
Debo
confesar, entre paréntesis, que los hemos invitado a todos ustedes a
este seminario y a otros parecidos, justo para eso: para que formen
parte del Movimiento de Juventudes Larouchistas, ¡para que cada uno
se convierta en una fuerza geológica para cambiar el universo!
Entonces, Vernadsky plantea que existen estas tres grandes formas
o fases diferentes de existencia en el universo físico: 1) la abiótica
o inerte, que no tiene vida; 2) la biótica, que tiene vida; y 3) la
de la vida conciente, de la mente humana. Pero también insiste que hay
una conexión continua y evidentemente causal entre estas tres geometrías
de existencia, a pesar de que existen diferencias insalvables entre
ellas, diferencias que hacen imposible usar la misma métrica para medir
a las tres. De ahí surge la pregunta, ¿cómo es posible tener un proceso
con cambios geométricos de fase que las hace inconmensurables, pero
donde a la vez coexisten esas fases y además tienen una relación causal
la una con la otra?
Vernadsky aborda el problema reafirmando que hay una "tajante
e infranqueable distinción entre los cuerpos naturales vivos y los cuerpos
naturales inertes de la biosfera", y que la primera tarea es identificar
y enumerar esas distinciones básicas. Aquí mencionaremos cuatro, que
son las esenciales. La primera diferencia es:
"La
generación directa de un organismo vivo a partir de cuerpos inertes,
nunca se observa".
Afirmación simple, pero de grandes implicaciones para la epistemología
y la comprensión de la evolución (huelga decir que cotidianamente se
observa el proceso inverso —la generación de cuerpos inertes a partir
de organismos vivos— como ocurre constantemente en las aulas universitarias
de EU y México). Vernadsky, con esta simple observación empírica documentada,
ha demolido el argumento central de lo que podemos denominar la aristotélica
"teoría universal de la chiripada"; a saber, la afirmación de que el
universo es una gran chiripada, que la vida evolucionó de la no vida
por azar, y que a su vez la vida conciente apareció como pura chiripada.
En
esencia, esta es la misma teoría de Darwin, un aristotélico empedernido.
También es la esencia del existencialismo, del positivismo británico
y demás versiones del empirismo, que niegan la existencia de la creatividad
e insisten que la mente humana no es sino una gran computadora, rápida
y eficiente, y que lo único que conocemos es la percepción sensorial
y las combinaciones que de ella logra la gran computadora mental. De
ahí que es un paso corto y lógico decir que la mente es un nido complejo
de reacciones químicas ante la percepción, y que todos los grandes descubrimientos
y obras de arte son también chiripadas bioquímicas.
Con
suficiente tiempo, según esta clásica visión aristotélica, si ponemos
a un millón de chimpancés en un cuarto grande, y les damos a todos computadoras
para que puedan escribir, y si les damos un tiempo infinito, tarde o
temprano escribirán todas las grandes obras clásicas de la literatura.
Es posible que se tarden mucho, mucho tiempo, admite nuestro aristotélico
obstinado, pero tarde o temprano, a uno de esos chimpancés le va a salir
una chiripada.
Uno
se puede imaginar el laboratorio de estos locos. Ahí están los "científicos",
catalogando lo que hacen los chimpancés, y uno se alborota y le grita
a su compañero: "¡Mira, ven acá! Lee lo que está escribiendo este simio:
`En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero xksl, rslkjs. . .'
¡Ay, qué lástima! Casi había escrito el Don Quijote. Bueno, esperemos
otro millón de años, a ver si sale el resto".
Pero
regresemos a Vernadsky. Él nos dice que la segunda diferencia
fundamental es que lo vivo, a diferencia de lo no vivo, crea energía
libre a través del trabajo. Lo inerte es entrópico, es decir, tiende
a reducir la energía del sistema de lo no vivo. Pero cuando se trata
de la vida, explica:
"Cada
organismo es una fuente de energía libre en la biosfera, energía biogeoquímica
libre".
La
tercera diferencia que Vernadsky observa y cataloga entre lo
biótico y lo abiótico, es aún más fundamental: que el espacio mismo
no es idéntico.
"La
hipótesis científica de una estructura geométrica especial del espacio
para los cuerpos de la materia viva, es admisible, y requiere verificación:
un espacio que no corresponde a la geometría euclidiana".

Tren de
levitación magnética en China
Es
decir, Vernadsky nos está diciendo que en la materia no viva, la geometría
euclidiana puede funcionar. Pero cuando uno pasa a examinar la vida,
el espacio, y también el tiempo, son diferentes:
"Es
conveniente, para el propósito de organizar el trabajo científico,
tomar como hipótesis científica de trabajo que el espacio dentro de
un organismo vivo es diferente del espacio dentro de los cuerpos naturales
inertes de la biosfera; que este espacio no corresponde a un estado
especial de la materia viva dentro de los límites de la geometría
euclidiana, y que el tiempo se expresa en este espacio por un vector
polar. La existencia de las orientaciones derecha e izquierda, y su
no equivalencia físico–química, apuntan a una geometría diferente
de la euclidiana: la geometría del espacio dentro la materia viva".
Vernadsky plantea aquí lo mismo que Leibniz y Bernhard Riemann también
habían establecido, a su manera, siglos antes: que el espacio y el tiempo
no son parámetros independientes o exógenos del proceso bajo estudio.
No es válido asumir que el universo en su totalidad funciona como un
espacio cartesiano, que se extiende infinitamente de forma escalar en
tres dimensiones, y que el tiempo también corre infinitamente de manera
escalar en una sola dirección. Leibniz, Riemann y Vernadsky dicen que,
por el contrario, el espacio–tiempo físico tiene una curvatura,
que esa curvatura además cambia como resultado legítimo del proceso
mismo de desarrollo del universo, y que, por tanto, no hay ninguna métrica
fija que pueda imponérsele desde fuera. La métrica de un proceso depende
de su propia característica, y varía. O, en palabras de Leibniz,
no hay métrica independiente de la posición. Esto es lo que Leibniz
denomina análisis situ.
La
cuarta diferencia, afirma Vernadsky, se ve respecto al tiempo:
el tiempo en el mundo de lo inerte no es igual que en el de lo vivo.
"Todos los procesos físico–químicos en los cuerpos naturales inertes
son reversibles en el tiempo. El espacio en el que ocurren —el espacio
de una geometría euclidiana— está en un estado cristalino, isotrópico
o anisotrópico. Los procesos físico–químicos que crean los cuerpos
naturales en la biosfera son irreversibles en el tiempo. Es posible
que esto resulte ser una consecuencia de un estado especial del espacio–tiempo,
con un sustrato que corresponda a una geometría no euclidiana".
Hasta
aquí, Vernadsky ha argumentado que el universo en su totalidad no es
euclidiano; pero también ha planteado que obedece a un proceso que genera
los cambios de curvatura, es decir, que el universo físico está en un
proceso de desarrollo constante, de creación continua, que no es un
universo fijo. Este universo evoluciona, o sea, tiene estados o fases
inferiores y superiores, con sus curvaturas correspondientes. Esto es
lo que Riemann denominó a mediados del siglo 19, una serie anidada de
"multiplicidades", con sus respectivas leyes y curvaturas, y que el
proceso real de desarrollo del universo nos lleva de una multiplicidad
a otra, de manera ordenada.
¿Cómo
medir en un universo cuya característica es una serie anidada de multiplicidades
jerarquizadas? Esto lleva a Vernadsky a la parte más rica de su exposición:
la noosfera.
Vernadsky afirma que, con la introducción de la mente, del trabajo
humano, ocurre otro salto cualitativo: la noosfera emerge y empieza
a dominar la biosfera. Las ideas se vuelven una fuerza geológica de
por sí, una fuerza material de enorme poder.

Lyndon H.
LaRouche dialoga con los jóvenes durante una conferencia en Alemania.
LaRouche ha planteado en repetidas ocasiones que las ideas no tienen
ni peso, ni extensión, ni olor; son imperceptibles para el aparato sensorial.
Parecieran no tener existencia física. Sin embargo, son la fuerza física
más poderosa que existe en la naturaleza. Vernadsky, por su parte, toma
nota de "la enorme forma nueva de energía biogeoquímica constituida
en la biosfera por el proceso técnico de trabajo de la raza humana,
dirigido de una forma compleja por el pensamiento humano", y
dice que, con la introducción de este nuevo factor, el proceso de cambio
biogeoquímico se ha acelerado de forma impresionante.
"En
el curso del tiempo geológico, han emergido nuevos cuerpos inertes
sólo por influencia de los procesos de evolución de la materia viva.
La creación de tales cuerpos inertes nuevos ocurre de manera drástica
y poderosa —y su importancia viene en aumento— en la noosfera
de la época presente, como consecuencia de la creatividad humana".
Cuatrocientos años antes de Vernadsky, el gran filósofo y científico
alemán, el cardenal Nicolás de Cusa, resumió su propia conclusión epistemológica
ante esta misma evidencia, con la simple frase: "La mente es la métrica
del universo".
Esta
breve excursión filosófica nos da los elementos necesarios para abordar
correctamente el tema del desarrollo de los desiertos, y del Gran Desierto
Americano en particular.
El megaproyecto
llamado NAWAPA

Mapa 9: Grandes proyectos hidráulicos de Norteamérica .
En
el mapa 9 presentamos una serie de grandes obras hidráulicas.
La principal es el famoso proyecto NAWAPA (Alianza Norteamericana de
Agua y la Energía), concebido por técnicos de la compañía de ingeniería
Parsons de EU a mediados de los 1960, pero que nunca ha podido instrumentarse
por razones políticas. La NAWAPA es un proyecto hidráulico, energético
y agropecuario integrado, que propone echar mano de un 17% del escurrimiento
anual de unos 1.000 km3 de agua que los ríos de Alaska y el norte de
Canadá vierten al mar Ártico cada año, y canalizar esa agua hacia el
sur, a Canadá, EU y México. Estamos hablando de ingentes cantidades
de agua: unos 165 km3, más del doble de la extracción anual de todo
México hoy día, o más de la tercera parte de la extracción anual estadounidense.
Según
el diseño original de la Parsons —que, por cierto, fue una de las principales
empresas que diseño y construyó la presa Hoover sobre el río Colorado
en los 1930— se llevaría el agua primero a la Trinchera de las Montañas
Rocallosas, un almacén natural de unos 800 km de largo, que corre
desde el centro de Canadá hasta el norte de EU, y que tendría unos 15
km de ancho y 100 m de profundidad, en promedio. Podría almacenar unos
400–500 km3 de agua, a una altura de unos 900 metros sobre el nivel
del mar (msnm).
Cruzando el extremo norte de esta Trinchera, se construiría una
hidrovía navegable en Canadá, desde Vancouver en el occidente, hasta
el Lago Superior y el río San Lorenzo en el oriente; es decir, una ruta
fluvial navegable que conectaría al Pacífico con el Atlántico.
El
brazo oriental de la NAWAPA bajaría desde este canal en Canadá por todo
el centro de EU, donde ayudaría a recargar el gigantesco acuífero de
Ogallala, que hoy día se está sobreexplotando. De ahí, otro canal lo
conectaría con el golfo de México.
En
el extremo sur de la Trinchera de las Montañas Rocallosas, se construiría
la Bomba de Ascenso de Montana, un centro de bombeo que subiría
el agua, de 900 msnm, a unos 1.500 msnm, a ambos lados de la division
continental que forman las Montañas Rocallosas. Esto requerirá unos
80 GW de energía, una buena cantidad, pero el plan total contempla el
establecimiento de múltiples hidroeléctricas a lo largo de todo la NAWAPA,
que producirían unos 180 GW de energía. Es decir, después del gasto
necesario en el bombeo en Montana, quedaría un excedente neto de unos
100 GW.
De
ahí, un brazo central de la NAWAPA bajaría por el lado oriental de las
Montañas Rocallosas, atravesando el Gran Desierto Americano en los estados
de Wyoming, Colorado, Nuevo México y Texas. Aquí se conectaría con los
afluentes del río Bravo, que hace la frontera entre EU y México en esa
región. Esto permitiría llevar grandes cantidades de agua —unos 6,8
km3, según el diseño original de la Parsons—, al centro–norte árido
de México; es decir, a la región que comprende los seis estados de nuestro
estudio.
El
brazo occidental de la NAWAPA también atravesaría el Gran Desierto Americano,
pasando por los estados de Nevada, Utah, Arizona y Nuevo México, donde
también alimentaría al río Bravo y se volvería a conectar con el brazo
central de la NAWAPA. Desde Arizona, se construiría un canal para llevar
agua al otro lado de la frontera con México, al río Yaqui en Sonora,
que recibiría casi 12 km3 de agua por año. Este trecho occidental de
la NAWAPA también vertería agua al norte y centro de California, así
como al río Colorado, que a su vez llevaría más de 5 km3 de agua al
año a Baja California Norte.
Sin
lugar a dudas, la NAWAPA es una gran obra de infraestructura,
un proyecto que cambiaría la faz de la tierra misma en la región del
Gran Desierto Americano, produciendo los cambios hasta geológicos de
los que Vernadsky hablaba. Se construirían 10.000 km de canales y 2.900
km de túneles. La construcción tomaría unos 20 o 30 años para completarse,
pero los primeros beneficios se verían en menos de una década. Se calcula
que costaría unos 800 mil millones de dólares. Eso pareciera ser mucho
dinero, pero no es casi lo mismo que rinde el narcotráfico internacional
cada año, o cerca de la mitad de billón y medio de dólares en movimientos
financieros especulativos que se llevan a cabo en el mundo cada día.
En
todo caso, no hay ningún problema fundamental para financiar este proyecto
y todos los demás que aquí proponemos. Como LaRouche ha explicado en
repetidas ocasiones, sólo hay que poner el sistema financiero global
del FMI en un proceso de reorganización por bancarrota; establecer un
Nuevo Bretton Woods, un nuevo sistema financiero internacional que fomente
la cooperación internacional en este tipo de grandes obras; y establecer
sistemas nacionales de crédito y banca que penalicen la especulación,
y que emitan crédito barato y a largo plazo para proyectos de desarrollo
de infraestructura de interés general.
Más
que dinero, lo que falta para construir obras como la NAWAPA es voluntad
política. Nada mejor que tomar el TLC y echarlo a la basura, sustituyéndolo
por este tipo de cooperación en grandes obras de infraestructura entre
México, EU y Canadá. Hay que regresar al sentido de optimismo y de "sí
se puede", como el que EU vivió con Roosevelt en el período de 1933–1945,
o el que México conoció más recientemente bajo la presidencia de José
López Portillo (1976–1982). Por ejemplo, en 1977, el Presidente López
Portillo dijo en una entrevista, ante una pregunta sobre la NAWAPA:
"Es un proyecto extraordinariamente interesante, pero muy costoso. De
seguro se realizará algún día. Eso será cuando tengamos suficiente energía
para manejar grandes volúmenes de agua".
Regresaremos a este asunto de la energía más adelante.
La
NAWAPA aumentaría el agua disponible en México en unos 25 km3, que es
el 35% de la extracción nacional total actual (ver tabla 7).
Y en los seis estados de la Zona de Desarrollo del Norte, el flujo adicional
de 6,8 km3 de agua a esa región significaría un aumento impresionante
del 68%.

Tabla 7
En
EU, la NAWAPA aumentaría el abasto de agua en 98 km3 (un 21% de la extracción
nacional actual), y el 62% de ese aumento correspondería a los siete
estados de nuestro estudio. Ahí, la NAWAPA significaría un aumento de
49% en la extracción actual. La tabla 7 muestra los aumentos,
estado por estado. En varios casos, como Arizona, Nuevo Mexico y Nevada,
la NAWAPA duplicaría la cantidad de agua disponible.
Otras grandes
obras hidráulicas
Aunque
la NAWAPA es imprescindible, si es que hemos de domar el Gran Desierto
Americano, hay una serie de otros proyectos hidráulicos complementarios
muy recomendables. Por ejemplo, en el mapa 9 también presentamos
el Plan Hidráulico del Noroeste (PLHINO) y el Plan Hidráulico del Golfo
Norte (PLHIGON) en México. El PLHINO captaría agua de los ríos Ameca
y Santiago–Lerma en Michoacán y Nayarit, entre otros, y con la ayuda
de una serie de presas y canales, lo llevaría al norte por la costa
del Pacífico, pasando por Sinaloa hasta Sonora, donde existe tierra
muy fértil pero también árida. Ahí se conectaría con el megaproyecto
NAWAPA, a través del río Yaqui. Ya están construidas unas 9 presas que
formarían parte del PLHINO, y se tienen identificadas otras 6 que habría
que construir para completar el proyecto.
El
PLHIGON, por su parte, llevaría agua de la zona del istmo de Tehuantepec
en el sur de México, donde hay un excedente de agua, por un canal que
correría por toda la costa del golfo de México, hasta llegar al río
Bravo en la frontera con EU. En este caso, 6 de las 22 presas necesarias
ya están construidas; faltan otras 16.
Cabe
señalar que ni el PLHINO ni el PLHIGON llevarían agua al Gran Desierto
Americano, al centro–norte árido de México. Se tienen que complementar
con otras obras para llevar el agua de las costas a la altiplanicie.
Del lado occidental, eso es poco factible en términos físico–económicos,
ya que la Sierra Madre Occidental es muy alta, pues alcanza alturas
de 3.000 msnm. Pero del lado del golfo de México, sí se puede, ya que
la Sierra Madre Oriental oscila entre los 2.000 y 2.500 msnm.
Un
proyecto que sería de particular importancia para llevar agua en esa
dirección, por lo menos hasta la ciudad de Monterrey (que está justo
antes de cruzar la Sierra Madre Oriental hacia la altiplanicie), es
un plan desarrollado por el ingeniero mexicano Manuel Frías Alcaraz
y que él ha denominado Sistema TzenValle. El concepto es desviar
más o menos un tercio del agua del caudaloso río Pánuco (el tercero
más grande del país) y sus afluentes, desde donde nacen en la Sierra
Madre Oriental en el estado de San Luis Potosí. Por medio de una serie
de presas, túneles y canales ubicados a unos 250 o 300 msnm, se llevaría
el agua hacia el norte, para luego bombearla hasta Monterrey, que está
a unos 540 msnm. Es decir, el costo del bombeo se reduciría a un mínimo,
porque sólo hay que subir el agua unos 250 metros adicionales.
El
Sistema TzenValle llevaría unos 6,8 km3 adicionales de agua al año a
esta zona árida; más o menos la misma cantidad que la NAWAPA llevaría
a la región. Esto da una idea de la gran envergadura de este proyecto.
El
ingeniero estadounidense Hal Cooper también ha propuesto un par de proyectos
para llevar agua del Golfo hasta el Gran Desierto Americano. En el primero,
propone construir un canal que corra desde el extremo norte del PLHIGON,
a Monterrey, y de ahí a Saltillo, Torreón y la parte sur del estado
de Chihuahua, donde se conectaría con el río Conchos, afluente del río
Bravo. La parte más difícil de la obra sería subir el agua de Monterrey
a Saltillo, que tiene una diferencia de unos 1.050 m. Aquí no hay sino
bombear, quizás ahorrando ciertas diferencias de altura con la construcción
de túneles que pasarían por debajo de las cimas de las montañas más
altas de la Sierra Madre Oriental.[
La
desventaja relativa de la construcción de túneles, es que tienen costos
de inversión de capital significativos, obviamente mayores que la simple
construcción de canales y estaciones de bombeo. Pero el bombeo tiene
costos de operación continuos, que no es el caso cuando se construye
un túnel, ahorrando una diferencia de alturas. Estos factores deben
evaluarse caso por caso.

Represa Shasta,
California
El
segundo proyecto de Cooper para llevar agua del golfo de México al Gran
Desierto Americano, es la construcción de un canal que partiría del
golfo de México, cerca de Corpus Christi, Texas, y que luego correría
más o menos paralelo a la frontera con México, cruzando los estados
de Nuevo México y Arizona, para luego llegar a la costa de California,
cerca de Los Ángeles. Cooper señala que podría utilizarse un oleoducto
existente, pero en desuso, que corre desde Victorville, en el sur de
California, hasta McCamey, en el oeste de Texas. En este proyecto, el
agua tendría que elevarse hasta una altura de unos 1.600 msnm, que es
el paso más bajo que existe en las Montañas Rocallosas en esa región,
el llamado Paso de Paisano en Texas. El uso de túneles muy probablemente
sería ventajoso en este proyecto.
Pero
en el plan de Cooper, ¿de dónde vendría el agua para llevar al Gran
Desierto Americano? De la desalación, tanto de agua de mar en
la costa, como de agua de acuíferos salobres a lo largo de la ruta trazada.
La
fuente de energía más eficiente para alimentar plantas desaladoras es
la energía nuclear (ver recuadro). Uno de los mejores reactores es el
Reactor de Alta Temperatura Enfriado por Gas (HTGR, siglas en inglés),
de tipo modular, capaz de producir 350 MW. Un complejo de 4 reactores
modulares HTGR podría producir un total de 1.400 MW de potencia. Este
nivel de potencia, aplicada a una planta desaladora de destilación instantánea
por etapas múltiples, generaría cerca de 145 millones de m3 de agua
al año. También generaría 446 MW de potencia eléctrica neta.
Si
uno pusiera, para empezar, 20 complejos nucleares de este tipo en la
región de siete estados que elegimos, cada una enchufada a plantas desaladoras,
esto generaría cerca de 2,9 km3 anuales de agua. En 1996, la capacidad
de desalación de agua de EU —incluyendo técnicas nucleares y no nucleares—
era de sólo aproximadamente 1 km3 al año. En comparación, Arabia Saudita,
el país número uno en capacidad de desalación de agua, tenía más de
2,1 km3 anuales.
Los
2,9 km3 de agua que producirían 20 complejos nucleares, equivaldrían
a 2,3% del agua que se sobreexplota anualmente en la región de los siete
estados, lo cual no es una cantidad insignificante. Si se construyera
el doble de ese número de complejos nucleares, entonces se "crearían"
unos 5,8 km3 de agua nueva al año; casi tanto como lo que movería el
plan de transferencia de agua del ingeniero Frías.
Es
más, el desarrollo de la tecnología nuclear también es absolutamente
vital en el campo de la generación de energía, y trae consigo los deseados
efectos no lineales que se derivan de introducir los campos más avanzados
de la ciencia y la tecnología; es decir, los cambios "geométricos" que
discutieron Vernadsky y otros.
Cooper
sugiere que un complejo nuclear de desalación de esa clase, podría construirse
junto a la Cuenca Pérmica, que se encuentra entre Texas y Nuevo México,
misma que hoy produce cantidades importantes de petróleo y gas natural.
Pero en el proceso de extracción, también saca una gran cantidad de
agua salobre. Esa agua podría desalarse y aprovecharse. Otras plantas
podrían ubicarse en la costa de Texas, en el río Bravo, etc., sobre
la ruta propuesta del nuevo acueducto. En México deben construirse plantas
desaladoras nucleares parecidas, sobre las líneas costeras del PLHINO
y el PLHIGON, así como sobre la ruta propuesta del acueducto que llevaría
agua a la altiplanicie mexicana.
Grandes obras
ferroviarias

Gráfica 3
Pasemos
a la cuestión del tansporte, del sistema ferroviario en particular.
Las gráficas 3 y 4 resumen la situación de los ferrocarriles
mexicanos. En la gráfica 3 se aprecia que el transporte de carga
por ferrocarril se ha estancado en un nivel muy bajo en la última década,
mientras que el número de carros de carga ha disminuido en números absolutos.

Gráfica 4
En
la gráfica 4 vemos el transporte de pasajeros por tren, que es
aún peor. A principios de los 90, el nivel era muy inadecuado, pero
en el transcurso de la década pasó de inadecuado a casi inexistente.
Hoy casi no hay transporte ferroviario de pasajeros en México.

Gráfica 5
En
la gráfica 5 vemos que el transporte carretero es igual de pobre.
Esta gráfica presenta la densidad de carreteras, medida en kilómetros
por km2 de superficie. Nótese que sólo un tercio de las carreteras mexicanas
están pavimentadas, y que la densidad en la Zona Norte de Desarrollo
es menos que la mitad del promedio nacional.

Tabla 8
La
tabla 8 nos da un cuadro global de la relativa falta de cualquier
infraestructura de transporte en los seis estados en cuestión. En orden
nacional, respecto a la densidad de carreteras y ferrocarriles, estos
estados están al final de la cola.
En
EU, y especialmente en los siete estados en consideración, el sistema
ferroviario también es totalmente inadecuado.
En
1980, el presidente Jimmy Carter apoyó y aprobó la ley Staggers, que
desreguló el sistema ferroviario de EU. La ley fue una maniobra de Wall
Street y de las gigantescas empresas ferroviarias controladas por los
financistas. La ley aceleró el proceso mediante el cual se saqueó a
la alguna vez funcional red ferroviaria de EU, empezando en los 1960.
La
gráfica 6 muestra un parámetro de esta devastación: los transportistas
ferroviarios de primera clase (las principales ferrovías) contaban con
264.040 km de vías en operación en 1980, para el 2000, sólo había 159.800
km; una caída del 40%. En 1980, había 458.000 trabajadores ferrocarrileros,
y para el 2000, había sólo 168.000; una caída del 63% (ver gráfica
7). En 1980, había 1.168.114 carros de carga funcionando, y para
el 2000, esa cifra bajó a 560.154; un desplome del 52%.

Gráfica 7
En
este proceso, la red ferroviaria de la región de los siete estados,
que ya era inadecuada, se destruyó aún más. La tabla 9 muestra
que, para la región de los siete estados, las ferrovías existentes cayeron,
de 965 km por millón de habitantes en 1980, a 360 km en 2000; una caída
del 35%.
Para
desarrollar el Gran Desierto Americano y, de forma más amplia, las naciones
de México y EU, debe construirse una red ferroviaria electrificada de
alta velocidad (ver mapa 10). Un sistema ferroviario sólido es
una condición sine qua non, tanto para impulsar una mayor productividad,
como para crear una red de transporte sobre la cual erigir industria,
agricultura y, más en general, civilización. Aunque muchas de las vías
férreas que aparecen en nuestro mapa ya existen, en una forma u otra,
todas deben mejorarse y expanderse, haciéndolas de doble vía y electrificándolas
para soportar trenes de alta velocidad.

Mapa 10: Red ferroviaria de alta velocidad de Norteamérica.
Estas
ferrovías de alta velocidad deben luego mejorarse, tan pronto como sea
posible, para convertirse en sistemas de levitación magnética (maglev),
que pueden transportar gente a velocidades de entre 350 y 450 km/hora,
y carga a más de 200 km/hora. El maglev aumentaría la velocidad de los
actuales trenes de pasajeros y de carga de EU a más del doble.
El
mapa 10 muestra cuatro de tales rutas norte–sur que se proponen
para EU, y dos este–oeste. Estas son rutas cruciales para el transporte
ferroviario de alta velocidad, que transportarían pasajeros y mercancías
por toda la región de los siete estados, y ahí a otras regiones importantes
del país y, más importante, se enlazaría con una red mexicana de alta
velocidad, del mismo tipo.
En
México, proponemos tres líneas férreas electrificadas de alta velocidad
norte–sur principales (ciudad de México–Nuevo Laredo, ciudad de México–ciudad
Juárez y ciudad de México–Tijuana), cada una de las cuales se conectaría
con el sistema estadounidense. Se construirían ramales este–oeste adicionales
para unir a la ciudad de Monterrey con Saltillo y Torreón, y desde la
ciudad de México hacia el sur, hasta el istmo de Tehuantepec y la península
de Yucatán.
De
todas estas rutas, quizás la más urgente sea la central norte–sur, que
corre de la ciudad de México a Ciudad Juárez, pues uniría a toda la
Zona de Desarrollo del Norte con su centro económico y político natural,
la ciudad de México. Esto también ayudaría a traer una cohesión nacional
entre el norte y el centro de México, y a ponerle fin a la tendencia
destructiva que vemos hoy, en la que la zona del norte de México se
dispara centrífugamente hacia una tierra de nadie del libre comercio,
más alineada con Wall Street que con la ciudad de México.
Las
tres líneas norte–sur principales en México, representan unos 4.000
km de ferrovías restauradas y mejoradas, lo cual es un proyecto considerable
que también traería empleo productivo a muchos millones de mexicanos.
Pero
tanto México como EU deben ver más allá de sus fronteras, hacia el mundo,
donde el Puente Terrestre Eurasiático avanza con rapidez. De hecho,
EU y México, como el resto de Iberoamérica, hoy día están aislados de
esa gran obra. Para establecer los vínculos geoeconómicos necesarios,
hay que construir un túnel por debajo del estrecho de Bering entre Alaska
y Rusia, y un ferrocarril por el Tapón de Darién, entre Panamá y Colombia.
Energía nuclear
y poder
La
positiva transformación de la región bifronteriza, requiere un aumento
considerable en la energía disponible, y en particular en la electricidad.
Esto incluirá energía para la desalación de agua y para trenes de alta
velocidad, como ya se mencionó, pero también para cada área de la vida
económica, tal como la industria, el transporte y el uso doméstico.
En el centro de la vida industrial y agrícola moderna se encuentra la
electricidad, una forma muy concentrada y densa de la energía.

Mapa 11: Grandes proyectos energéticos de Norteamérica.
Existe
un gran potencial hidroeléctrico en la región, así como importantes
yacimientos petrolíferos y el recientemente descubierto depósito de
gas natural de Burgos en el noreste de México (ver mapa 11).
Pero cada vez más, la forma dominante de generación de energía en ambos
países debe ser nuclear. Esto, no sólo porque la energía nuclear tiene,
por mucho, una densidad de flujo energético superior a la de la energía
hidroeléctrica o de cualquier otro tipo, sino porque la energía nuclear
implica el desarrollo aparejado de las tecnologías avanzadas y la ciencia
básica que, por sí mismo, garantiza el verdadero desarrollo de la noosfera.
En otras palabras, la energía nuclear significa mayor poder por
unidad de energía.
En
cuanto a México, debe regresar a la política del presidente José López
Portillo de intercambiar petróleo por tecnología, a lo que ahora
podría sumar también el gas natural. Sólo una perspectiva tal, asegura
una trayectoria adecuada al desarrollo de la nación, al optimizar el
ritmo del avance científico y tecnológico. Y también sienta las bases
sobre las cuales pueden reimpulsarse las relaciones México–EU. como
tanto ha insistido LaRouche.
Y para
EU, la región de los siete estados, que hoy consume 6,174 trillones
de kcal de energía, representa la cuarta parte del consumo de energía
de EU. Cuenta con una capacidad de generación eléctrica (en su punto
más alto en el verano) de 175.949 MW, que claramente debe aumentarse.
Parte del aumento en la capacidad vendrá de la energía hidroeléctrica,
como un subproducto natural del proyecto NAWAPA. N.W. Snyder, de la
firma de ingeniería Parsons, proyectó en un documento de 1980 que, con
la construcción de presas y sistemas de generación a lo largo de la
ruta de transferencia de agua de la NAWAPA, habría una capacidad de
generación eléctrica adicional de 8.700 MW en estos siete estados, un
aumento de más o menos 5% sobre el nivel entonces existente. Más aún,
la propuesta de construir 20 complejos nucleares para alimentar plantas
desaladoras, crearía una capacidad de generación eléctrica de 8.920
MW, por encima de lo que requieren las plantas desaladoras. Estos 8.920
MW aumentarían la capacidad de generación eléctrica de la región en
5%.
Consideren el proceso de desarrollo del Gran Desierto Americano
como una especie de triángulo. Un vértice del triángulo sería la región
alrededor de Houston, Texas; un segundo vértice sería la región en torno
a Los Ángeles, California; y un tercer vértice lo constituiría la ciudad
de México y zonas circundantes, donde se concentra la mitad de la población
y el 70% de la industria de México. Estas son las tres regiones de mayor
desarrollo relativo. Así, México y EU desarrollarían de manera conjunta
el interior y los alrededores de ese triángulo, que aproximadamente
85% es desierto o tierra semiárida, y que sólo cuenta con un puñado
de ciudades de tamaño significativo, poca industria y escasa actividad
económica productiva, aparte de algunas zonas agrícolas. La construcción
de ciudades bellas, pero funcionales, se llevaría a cabo principalmente
a lo largo de los principales corredores ferroviarios de alta velocidad.
El tremendo flujo nuevo de agua y generación de electricidad dentro
de los corredores, haría florecer las manufacturas, la minería y el
procesamiento, y la agricultura, brindando así empleo productivo ampliamente
superior para los pueblos de ambas naciones.

Mapa 12: El Puente Terrestre Mundial, proyección polar.
Conceptualmente, es útil ver este triángulo desde más lejos, mucho
más lejos. La imagen apropiada que debemos tener es la del mapa 12.
Este es el Puente Terrestre Mundial, visto desde una óptica polar. El
mismo, nos da la idea de que el planeta entero es uno, que el Puente
Terrestre Mundial es una sola ruta continua que puede abarcarlo y desarrollarlo
todo, desde Tierra del Fuego en Sudamérica hasta Cabo de Buena Esperanza
en África. Nos recuerda el hecho, demostrado por Vladimir Vernadsky,
de que la noosfera es la máxima expresión de este planeta y de todo
el universo creado, y que la mente y la creatividad humana son lo que
define e impone la métrica sobre cualquier otro aspecto del desarrollo
físico–económico. Las leyes de desarrollo del mundo abiótico y del mundo
biótico están sujetas a las leyes humanas de la creatividad volitiva.
Esa creatividad es, tanto el parámetro, como lo que hay que maximizar
en el proceso de desarrollo.
¿Por
qué hacer algo fácil? Hagamos algo que sea un verdadero reto, como poner
un hombre en la Luna y luego ir a colonizar Marte. Hagamos algo difícil:
desarrollemos los desiertos del planeta Tierra, y hagámoslo en base
a la cooperación norte–sur. Este es el significado del Proyecto de
Desarrollo del Gran Desierto Americano.
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