| El imperio contraataca Bancos españoles recolonizan a Iberoamérica por Dennis Small En el
período comprendido entre 1997 y 2003, y del 2004 a la fecha, ha ocurrido
una transformación radical en el sector bancario de Iberoamérica, una
reconfiguración del sistema financiero con implicaciones económicas estratégicas
a escala mundial para el sistema monetario en proceso de desintegración,
y ramificaciones políticas decisivas que entrañan el despliegue del terrorismo
sinarquista de “izquierda” y “derecha” a través de las Américas. So capa
de la cantaleta de la “globalización”, e impulsado por las ondas de choque
que emanaron de la cadena de terremotos financieros que sacudieron desde
el Sudeste de Asia en 1997, a Rusia y al LTCM en 1998, a Brasil en 1999,
y a Argentina a fines de 2001, los sistemas bancarios de las naciones
de América Central y del Sur han sido forzados a transformarse acorde
a los lineamiento impuestos por la oligarquía financiera internacional.
Estos cambios, que también son el futuro que pretende imponérsele a la
banca de otras regiones subdesarrolladas, al igual que a la del sector
avanzado, incluyen los siguientes rasgos principales, mismos que documentamos
y detallamos a continuación: 1. Luego de un período prolongado de crecimiento, el tamaño
de los sistemas bancarios iberoamericanos se encogió 4% entre 1997
y 2003, de un total de 882 mil millones de dólares en activos, a 850 mil
millones. En términos per cápita y por hogar la baja fue mas pronunciada,
en el orden de 15 a 20%. 2. El control extranjero de este total reducido creció
en este mismo período, de como 35% en 1997, a 42% en 2003. Aunque apreciables,
estas cifras totales encubren el hecho decisivo de que dos gigantes de
la banca española —Banco Santander Central Hispano (BSCH) y Banco Bilbao
Vizcaya Argentaria (BBVA)— casi doblaron la porción de los activos
bancarios iberoamericanos que controlan, de 9% del total de la región
en 1997, a 17% en 2003. Al sumar el tercer banco extranjero más grande
en la región, el estadounidense Citibank, estos tres bancos principales
hoy controlan casi la cuarta parte de todos los activos bancarios iberoamericanos,
un nivel pasmoso de concentración y control extranjeros.
3. El total de préstamos concedidos por este sector bancario
atrofiado también hizo implosión en el período de seis años bajo estudio,
decayendo 6% en Argentina y Brasil, y un asombroso 22% en el caso de México,
medido por hogar. Argentina, Brasil y México son las tres economías principales
de Iberoamérica. 4. De este volumen reducido de préstamos un porcentaje
en pronunciada disminuición fue destinado a compañías privadas y a individuos
para usos económicos en potencia productivos. Para el 2003, la mayor parte
de los préstamos bancarios activos habían ido a la compra de bonos del
Estado, que pagaban tasas prodigiosas de interés, en tanto que los préstamos
en lo principal eran destinados a refinanciar deuda pública existente,
incluyendo deuda externa. Esta explotación del erario por parte de
los banqueros produjo una transformación alarmante: en Argentina,
en 1997 sólo el 10% de los préstamos bancarios iba a la compra de bonos
del Estado, pero para el 2003 había ascendido a 50%; en Brasil subió de
19% a 43% en esos mismos seis años; y en México, donde ya había alcanzado
41% en 1997, para 2003 había subido a 43%. El efecto
combinado de estos cambios significó que, entre 1997 y 2003, los préstamos
concedidos al sector privado por instituciones bajo control nacional cayeran
en 31% en Argentina, 39% en Brasil, y un asombroso 67% en México. En
suma, ya casi no queda ningún sector bancario en Iberoamérica que supla
las necesidades del desarrollo nacional. Todo se ha transformado en una
bomba gigantesca que chupa la riqueza para ponerla en manos de intereses
financieros internacionales. 5. A la cabeza de esta marcha forzada de Iberoamérica hacia
una banca globalizada —en la cual ningún Estado nacional soberano sobrevivirá—
está el antes mencionado BSCH, el banco más grande de España, y
el sexto más grande de Europa. El BSCH, con 15 bancos a lo largo y ancho
de Iberoamérica, es el segundo banco en el hemisferio, con 77 mil millones
de dólares en activos. Tan sólo el gigantesco Banco do Brasil, propiedad
del Estado, es más grande, con activos de casi 80 mil millones de dólares. A la
cabeza del BSCH está Emilio Botín, un banquero oligarca de cuarta generación,
a quien en general se le considera la persona más rica de España. Es un
partidario abierto de la banca especulativa —a la que llama el “modelo
de banca puro”— más bien que del financiamiento industrial, y ha entablado
alianzas estratégica entre el BSCH y varios de los principales actores
en el aparato bancario sinarquista internacional: el Royal Bank of Scotland
(el Banco Real de Escocia), uno de los bancos británicos más poderosos,
con vínculos familiares íntimos con la familia real de Inglaterra); el
imperio bancario Morgan; y la poderosa gigante de seguros veneciana, Assicurazioni
Generali, la cual, entre otras cosas, financió la subida de Mussolini
al poder en Italia. No es
sorpresa, entonces, que Botín sea uno de los principales sostenes del
partido franquista español, el Partido Popular (PP), y de su recién derrotado
presidente de Gobierno José María Aznar. De hecho, según varios informes,
fue Botín quien “creó” a Aznar, llevando al entonces poco conocido dirigente
del PP en su jet privado a Londres, donde sostuvo reuniones tras batidores
con banqueros británicos selectos, antes de su elección a la presidencia
del Gobierno en 1995. Asimismo, Botín supuestamente “presume” de Rodrigo
Rato, quien fue el ministro de Economía de Aznar, y quien fuera nombrado
como el nuevo director gerente del Fondo Monetario Internacional en marzo
de 2004. Como
señalara la corresponsal en Madrid de la revista Economist de Londres,
Botín y Aznar “querían regresar a España al lugar que según ellos le correspondía,
nuevamente al centro de un mundo hispano en resurgimiento”, es decir,
pretenden la recolonización española de Iberoamérica en aras de intereses
financieros internacionales. Éste es el apuntalamiento financiero
de la visión política sinarquista que refleja el viejo sueño carlista,
como lo expresó el ex presidente Juan María Bordaberry de Uruguay hace
poco, “de la reunificación primero en las conciencias y luego en los hechos,
de Hispanoamérica, y Rey”. O, como dijera el agresivamente nostálgico
presidente de la carlista Hermandad Traditionalista Carlos VII de Argentina,
Federico Ezcurra Ortiz: “Formamos parte de aquel gran imperio español
tanto como cualesquiera de las regiones de la Península”. Esta
descripción sumaria de la transformación experimentada por la banca iberoaméricana
en los últimos seis años, tiene las siguientes implicaciones más amplias: • Virtualmente
no le queda ninguna soberanía económica a las naciones de Iberoamérica,
ni al sector en vías de desarrollo en su conjunto, como Lyndon LaRouche
señalado con frecuencia. Una nación que no controla su propia emisión
y uso de su crédito no es soberana. La función apropiada del sistema bancario
y crediticio de una nación —como lo explicó de modo tan elocuente el expositor
del Sistema Americano Alexander Hamilton en su Informe sobre el tema
de un Banco Nacional de 1790 (ver recuadro)— es fomentar la actividad
económica productiva. Un buen sistema bancario es como el flujo sanguíneo
de un cuerpo viviente, lleva crédito barato abundante a todas las áreas
de actividad económica productiva. Hoy día las naciones de Iberoamérica
no son dueñas ni de su propia sangre. • Ya
no hay una distinción apreciable entre la deuda interna y la externa
de las naciones del sector en vías de desarrollo. Como EIR fue
la primera en señalar allá por 1993, partes de la deuda interna estaban
“internacionalizándose” de varias formas (tales como la emisión interna
de bonos del Estado denominados en dólares), por lo que, de hecho, eran
deuda externa. Ese proceso prácticamente ya se completó: los bonos del
Estado que tienen en cartera los bancos “nacionales” en su mayor parte
están bajo control extranjero, en tanto que los sistemas monetarios nacionales
han venido dolarizándose de forma progresiva. Lo que
vemos es una sola burbuja financiera mundial, no dos burbujas distintas
de deuda extranjera e interna, misma que, como el cáncer, ha venido propagándose
y adueñándose de la estructura financiera de todas las naciones de Iberoamérica.
Este hallazgo tiene implicaciones económicas en lo que atañe al proceso
de desintegración financiera mundial, e implicaciones políticas respecto
a los pasos que deben dar las naciones que aspiran a garantizar su existencia
en las presentes condiciones del mundo. • La
emisión de un “muro de dinero” de 1997–2003 por los bancos centrales del
G7 nunca llegó al sistema financiero iberoamericano como tal, ni era
esa la intención. La decisión política que adoptó la oligarquía financiera,
de responder a las crisis de endeudamiento que empezaron en Asia en 1997
inyectando enormes cantidades de liquidez al sistema, fue exclusivamente
a inflar aun más la burbuja especulativa de deuda en manos de los acreedores.
De allí que tenemos el fenómeno de una contracción del sistema bancario
iberoamericano, y en especial de sus préstamos en potencia productivos
para la economía física, en condiciones de hiperinflación mundial. Las
economías físicas se mueren de hambre, mientras el sistema financiero
mundial se ahoga en una ola de agregados financieros especulativos. Lo que reveló la crisis argentina En su
edición correspondiente a la 1a y 2a quincenas de
septiembre de 1997, Resumen ejecutivo de EIR publicó un artículo
titulado La banca británica le clava los colmillos a Iberoamérica,
que documenta cómo la banca extranjera estaba apoderándose de la región,
según datos acumulados en los cinco años entre 1992 y 1997. Ahora regresamos
al lugar de los hechos para ver lo que sucedió después, en los seis años
comprendidos entre 1997 y 2003. En la gráfica 1 vemos la evolución del total de los activos bancarios de Iberoamérica en esos dos intervalos de tiempo.[1] De 1992 a 1997, los activos totales crecieron 10%, y la proporción controlada por extranjeros creció de 8% del total en 1992, a 35% en 1997.[2] Pero entonces, de 1997 a 2003, el total de los activos disminuyó 4%, en tanto que la proporción en manos extranjeras siguió en aumento hasta representar 42% del total.
La gráfica
2 muestra los activos bancarios por país en diciembre de 2003: es
claro que Brasil domina, con activos de 391 mil millones de dólares, lo
que es más del doble en tamaño que el sistema bancario que le sigue, el
de México, con 165 mil millones.
Uno de
los principales motivos de la contracción de los activos bancarios en
Iberoamérica de 1997 a 2003, es el proceso de devaluaciones forzadas de
la monedas locales que acompañó a la oleada de ataques especulativos contra
esas naciones. Por ejemplo, los activos bancarios de Argentina, medidos
en pesos y en dólares, subieron a la par uno por uno entre 1992 y 1997,
ya que el peso argentino estaba a la par del dólar (ver gráfica 3).
Pero, de 1997 a 2003, los activos calculados en pesos siguieron subiendo
(aunque a un ritmo más lento que antes), pero esos mismo activos expresados
en dólares se desplomaron a resultas a la tremenda devaluación que le
impusieron a Argentina en enero de 2002. En otras palabras, la devaluación
dejó virtualmente sin valor los activos del sistema bancario denominados
en pesos, en el ámbito dolarizado de las finanzas mundiales.
Un proceso
similar ocurrió en Brasil, que también mantuvo una paridad de uno a uno
entre el real y el dólar hasta 1997, y luego fue forzado a devaluar en
1998; y en México, cuyo peso fue devaluado de forma progresiva en el curso
de la última década (gráfica 4).
Al examinar
el tamaño relativo y quién controla los sistemas bancarios de esos mismos
tres países —lo que presentamos por hogar, para hacerlos comparables el
uno con el otro, además de proporcionarles sus respectivas bases demográficas
en la economía física— encontramos algunos desarrollos reveladores. En el
caso de Argentina, el sistema bancario cayó casi a la mitad (48%) en la
estela de la crisis de la deuda de 2001 (ver gráfica 5). Como parte
de este desplome, hubo un retraimiento considerable de la inversión extranjera
en el sistema bancario, a tal punto que la proporción controlada por extranjeros
en efecto cayó, de 52% del total en 1997, a 37% en 2003. El efecto combinado
redujo la porción de los activos controlada por la banca nacional a sólo
4.400 dólares por hogar, una reducción de un tercio de los 6.400 de 1997,
y a menos de lo que había sido más de una década antes, en 1992
(4.600 dólares).
Lo que
ocurrió fue una enorme fuga de capitales del sistema bancario de Argentina
en la segunda mitad del 2001, inducida por un ataque especulativo extranjero
contra el país, intensificada por la vulnerabilidad de tener una convertibilidad
total con el dólar, junto con cero capital y ningún control cambiario,
acorde con las exigencias del Fondo Monetario Internacional, durante el
transcurso de la década previa, cuando Argentina había sido su discípulo
modelo. Ante la fuga a todo vapor de capitales, el Gobierno de Argentina
por fin congeló todas las cuentas bancarias en el país en diciembre de
2001, cerrando las puertas del corral después de haberse escapado la mayoría
de los caballos. Los bancos extranjeros —con los gigantes españoles BSCH
y BBVA a la cabeza— rehusaron respaldar los depósitos atrapados por el
congelamiento del Gobierno, y anunciaron planes de reducir sus inversiones
en Argentina. Algunos bancos extranjeros, tales como el canadiense Scotiabank,
se retiraron del país del todo. Citibank, FleetBoston y el británico HSBC
(HongShang), todos anunciaron que no harían más inversiones en Argentina
en el futuro previsible. De resultas, el control extranjero sobre los
activos bancarios argentinos cayó de 53% en 2001, a 37% hoy. Esta
pauta argentina se repite en Iberoamérica como un todo, donde el control
extranjero llegó a su cenit en 2001 cuando representaba 48% del total,
reduciéndose luego a 42% en 2003. Como señala un estudio de las Naciones
Unidas: “La expansión explosiva de bancos extranjeros se ha invertido
en los últimos años, principalmente resultado de las crisis en Brasil
y Argentina, que forzaron a varios de ellos a cerrar sus operaciones”.[3] Esta
modalidad de “patitas para que las quiero” pone el mentis a la propaganda
egoista que sacan entidades tales como Salomon Smith Barney, una subsidiaria
de Citibank, la que en un informe fechado el 28 de noviembre de 2001 dijo
que los bancos extranjeros contribuyen a una “reducción general del riesgo
sistémico” en Iberoamérica, porque tienen “acceso a capital adicional
en tiempos de crisis”. En referencia a Argentina en particular, alegó
que “la presencia de bancos extranjeros podría verse como un bastión para
todo el sistema bancario”. Igual de divertida —dado lo que realmente pasó
en Argentina—, fue la afirmación ridícula que hizo el Milken Institute
en un informe de noviembre de 2002 —The Foreign Conquest of Latin American
Banking: What’s Happening and Why? (La conquista extranjera de la
banca latinoamericana: ¿Qué está sucediendo y por qué)—, al efecto de
que “la presencia de firmas financieras extranjeras hace más probable
reducir la fuga de capitales”. En la *
tabla 1 presentamos un cuadro de los 10 principales bancos
activos en Argentina, como lo hacemos para los otros seis países bajo
estudio. Ésta muestra que los dos principales bancos en Argentina siguen
siendo el Banco de la Nación, propiedad del Estado, que ha sido blanco
de ingentes intentos de privatización en años recientes, aunque todavía
sin éxito, y el Banco de la Provincia de Buenos Aires. Banco Galicia,
un banco nacional privado que ha estado en manos de las familias Escanasy,
Ayerza y Braun por 50 años, continúa ocupando el tercer lugar, luego de
casi irse a pique en 2002. Galicia
fue golpeado especialmente duro por un pánico bancario en diciembre de
2001, cuando el gobierno estuvo a punto de nacionalizarlo. Luego, en 2002,
hubo un escándalo en el que estuvo implicada su institución hermana, el
Banco Galicia en el vecino Uruguay, que causó la pérdida de otros 3.500
millones de dólares en depósitos. Como tiburones que huelen la sangre
en el agua, varios bancos trataron de comprar al afligido Galicia, entre
ellos los españoles BBVA y BSCH, este último ya un accionista minoritario
en Galicia, con 7% de su capital. Pero el Gobierno argentino vino al rescate,
al menos por ahora, aportando casi 2 mil millones de dólares del Banco
Central para cubrir los depósitos retirados, y otros 4 mil millones de
dólares en “adelantos” del Banco Central, según informes de prensa. Buitres extranjeros y del país
En el
caso de Brasil (ver gráfica 6), el control por parte de extranjeros
se ha mantenido limitado a un relativamente bajo 21% del total de los
activos, aun cuando el total de los activos bancarios cayó 20% entre 1997
y 2003. Hoy, el total de los activos por hogar bajo control nacional es
como de 7.000 dólares, casi el doble del nivel de 1992. De los bancos
extranjeros que funcionan en Brasil, el más grande es el BSCH de España,
el cual estableció una cabeza de playa importante en noviembre de 2000,
cuando compró a Banespa, el privatizado banco del estado de São Paulo,
hoy el sexto más grande del país. Pero los dos bancos más grandes del
país siguen siendo el Banco do Brasil —regentado por el Estado y, con
80 mil millones de dólares en activos, el más grande del país—, y la Caixa
Econômica Federal. Juntos controlan un tercio pleno de los activos de
todo el sistema bancario del Brasil (ver
tabla 1). Los otros
tres bancos más grandes son todos privados y están bajo el control de
intereses brasileños: Bradesco, Itaú y Unibanco. Se les ha mantenido repletos
de liquidez, y con la capacidad de defenderse de los intentos de absorberlos,
principalmente por las cantidades astronómicas de botín que les ha tirado
encima el gobierno federal, en la forma de bonos que pagan las tasas reales
de interés más altas del planeta (de lo que hablaremos más adelante). En cuanto
a México (ver gráfica 7]), el total de los activos cayó 20% entre
1997 y 2003, más o menos la misma proporción que en Brasil. Pero en este
caso el control extranjero se disparó, de un ya elevado 59%, a un enorme
82%, lo que deja la patética cantidad de 1.200 dólares por hogar en manos
nacionales, un tercio del nivel de Argentina, menos de la quinta parte
del de Brasil, y un pasmoso descenso de los niveles del propio México
en 1997.
Esta
orgía de adquisiciones de bancos mexicanos por extranjeros estuvo centrada
en tres grandes movimientos: • En
mayo de 2000, el BSCH compró Banca Serfín, que luego fusionó con la subsidiaria
que ya tenía, Santander Mexicano, creando Santander Serfín, el tercer
banco más grande el país, con casi 22 mil millones de dólares en activos. • En
mayo de 2001, Citibank llevó a cabo su propio golpe al adquirir el 100%
del segundo banco más grande de México, Banamex, con más de 36 mil millones
de dólares en activos. Estos
tres bancos, ahora en su totalidad en manos extranjeras, representan casi
dos tercios del sistema bancario mexicano. Uno podría preguntarse: ¿Entraron
los bancos extranjeros a México para ayudar a financiar el desarrollo
productivo del país? Para nada. En gran parte su motivación fue la expectativa
de poder participar en el creciente auge de la “industria de remesas”,
como tan delicadamente denomina la propaganda bancaria a los 13 mil millones
de dólares anuales que los trabajadores mexicanos en los Estados Unidos
le envían a sus familiares en México. Saqueado por el FMI y sus acreedores
bancarios, México se ha visto forzado a exportar su propia fuerza laboral
a fin de sobrevivir. Ante una tasa de desempleo real de 50%, una masa
creciente de desesperados campesinos empobrecidos y otros cruzan la frontera
de los EU en busca de cualquier trabajo, no importa qué tan bajo el salario. El Gobierno
mexicano de Vicente Fox recibe con beneplácito los 13 mil milllones de
dólares en remesas, y usa las divisas para pagar la deuda externa. Los
bancos mexicanos obtienen pingües ganancias de estas remesas. Por ejemplo,
el cálculo es que Bancomer BBVA tiene una participación de mercado en
la “industria de remesas” de 42%, la que le representó casi 5.500 millones
de dólares en transacciones en 2003. De hecho, el BSCH decidió venderle
25% de sus activos en Santander Serfín a Bank of America en diciembre
de 2002, para obtener acceso a la considerable red bancaria que tiene
Bank of America dentro de los EU, y tratar de lograr una tajada
del negocio de las remesas. Sin embargo,
sería erróneo suponer que sólo los bancos mexicanos bajo control extranjero
recurren a estas tácticas de buitre. Basta fijarse en dos de los bancos
controlados por mexicanos, de los 10 bancos principales del país: Banorte
(4) e Inbursa (7). De acuerdo con la agencia de clasificación de riesgos
británica Fitch, Inbursa—propiedad de Carlos Slim, el hombre más rico
de Iberoamérica— se especializa en “actividades de una naturaleza volátil”,
invirtiendo “en instrumentos de sociedades de capital y en bonos internacionales
clasificados como especulativos”. En cuanto
a Banorte, su propietario es Roberto González Barrera, mejor conocido
como el dueño de MASECA, la principal productora de tortillas de Norteamérica,
y como el empresario que ayudó al ex presidente mexicano Carlos Salinas
de Gortari a huir del país en el jet privado de González Barrera en marzo
de 1995. También es miembro del consejo general de Assicurazioni Generali,
la compañía veneziana sinarquista de seguros que tiene una alianza estratégica
con BBVA de España. En lo que toca a lo que hace Banorte en tanto banco,
se lo dejamos a los lingüistas duchos en la jerigonza bancaria de Smith
Barney, quienes trataron de explicarlo en sus propias palabras en su informe
del 7 de enero de 2004, El Sistema Bancario Mexicano: Banorte
no fue inmune a las crisis bancarias que golpearon al país en 1995. . .
[y] como la mayoría de sus homólogos, participó en muchos de los programas
de rescate [del gobierno]. . . Banorte adquirió dos bancos,
Bancen (en 2000) y Bancrecer (en 2001), los cuales. . . le dieron
al banco la oportunidad de dedicarse a un negocio singular: la administración
de activos no redituables. Ambos
de los bancos que adquirió Banorte tenían una extensa cartera vencida.
Como parte del acuerdo de adquisición entre Banorte y el Gobierno mexicano,
el banco aceptó comprarle Bancen y Bancrecer al Gobierno, pero sin sus
respectivas carteras vencidas. El Gobierno mexicano aceptó esta propuesta;
sin embargo Banorte tenía que aceptar bonos de Fobaproa [emitidos por
el Gobierno] a cambio de las carteras vencidas. Hoy, estos préstamos de
Fobaproa representan más del 42,3% del total de los activos de Banorte
que producen utilidades. Dada
la hinchada cartera de bonos de Fobaproa de Banorte, el banco decidió
administrarle la cartera vencida asociada al Gobierno a cambio de un emolumento.
Además, más adelante, propuso administrarle las carteras vencidas a otros
bancos y participar de forma activa en la compra de préstamos en dificultades.
Estas actividades le han rendido ganacias al banco, y representan más
del 30% de sus entradas. En 1997,
Banorte llegó a otro acuerdo estratégico, esta vez con Assicurazioni Generali,
para explotar el negocio de seguros y de pensiones privadas en México
... Banorte
ha establecido una presencia importante en el negocio del cobro de préstamos
y de la administración de carteras vencidas. . . El logro más
destacado de Banorte en este negocio es la compra de casi 42% de las carteras
subastadas por el Gobierno mexicano, lo que ha resultado en un índice
promedio de cobros de 40% del valor nominal. En este negocio, en particular,
la recuperación de la inversión en muchos de estos activos ha sido de
más de 100%. Tales
son los métodos de los fondos buitres de hoy día, que han cobrado
fama en tiempos recientes en las actuales negociaciones sobre la moratoria
de la deuda pública de 88 mil millones de dólares en la que cayó Argentina
en 2001; se comen la carroña de un sistema financiero moribundo, y que
el diablo se lleve a la gente de las naciones víctimas. La evolución del control extranjero sobre la banca en el resto de América, y el de su componente español en particular, queda resumida en la tabla 2.
En el
caso de Colombia, la baja indicada, de 51% bajo control extranjero en
1997, a 17% en 2003, sin duda alguna exagera la disminución. Aunque fuentes
del mundo financiero colombiano le dicen a EIR que, de hecho, ha
ocurrido una desinversión neta extranjera en el sector bancario colombiano,
éstas calculan que el control actual en realidad anda por el 25%. También
vale notar que las estadísticas bancarias oficiales de Colombia no reflejan
la presencia de vastas sumas de dinero ilícito del narcotráfico que corren
por la economía. En muchos casos los bancos desempeñan la función de intermediarios
en transacciones de lavado de dinero sin registros contables, que no aparecen
en sus estadísticas, pero que, no obstante, constituyen una parte sustancial
de sus actividades. En otros casos los narcodólares circulan fuera del
sistema bancario formal como tal, en “mesas de cambios” y otros lugares. Semejantes actividades financieras relacionadas con las drogas son,
sin duda, un factor importante en los sistemas bancarios de otros países
iberoamericanos también, aunque tal vez de forma menos dominante que lo
que ha sido el caso en Colombia; pero no hemos tratado de captar este
componente en el presente estudio. Chupando de la teta del erario público El caso
de la dependencia de Banorte de los ingresos generados de las inversiones
en bonos del Estado representa una tendencia que está propagándose como
epidemia por Iberoamérica, y es que los bancos dejan de prestarle al sector
privado (tanto a las empresas como al consumidor) y, como cerdos, se han
puesto a chupar de la teta del erario público, del endeudamiento contraido
con bonos del Estado. En Iberoamérica,
los bancos extranjeros han sentado la pauta. Como dice en términos delicados
un estudio del Instituto Milken: “La asignación de activos a instrumentos
del Estado es mayor para los bancos extranjeros en todos los países” de
Iberoamérica, que para con los bancos nacionales. Los gobiernos
de la región han sido obligados a aumentar las tasas de interesés de sus
bonos de forma muy conveniente por las agencias de clasificación de crédito
tales como Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch; por el omnipotente
dictador de las sobretasas de “riesgo país” de esas naciones, JP Morgan
Chase; y por los implacables ataques especulativos internacionales contra
sus monedas. Todo esto ha sido para beneficio, en lo principal, de los
bancos extranjeros aliados a estas agencias, mismos que son los tenedores
de estos instrumentos del Estado. De hecho, no es ninguna exageración
decir que sin este rescate gubernamental encubierto, en la forma de
los enormes flujos de interés pagados sobre una deuda pública inflada
de manera artificial, hace años que los sistemas bancarios de la mayoría
de las naciones iberoamericana se hubieran visto obligados a declararse
formalmente en quiebra. El FMI
y los bancos acreedores han desarrollado de modo conveniente una obsesión
con el sirviente de este cambio en la actividad bancaria —de banca tradicional,
a la extorsión y la usura moderna—, mismo que ha venido a conocerse como
el superávit presupuestal primario. La definición de éste son los ingresos
del gobierno menos los gastos, sin contar los pagos de servicio a la
deuda. En otras palabras, mide los recursos que el gobierno puede
exprimirle a la economía interna para canalizarlos hacia el pago de su
montaña de deuda. Éste se ha convertido en el asunto central de
todas las negociaciones del FMI con Argentina, Brasil y otras naciones
deudoras. Veamos el caso de Argentina (gráfica 8).
Hubo
un estancamiento en el total de los préstamos bancarios pendientes en
el período comprendido de 1997 a 2003, pero el componente destinado al
sector privado empresarial y de consumo sufrió una contracción de 44%,
mientras que los préstamos al sector público, es decir, la compra de bonos
del Estado, subió 381% en el mismo período. De resultas, los préstamos
pendientes al sector público saltaron, de 10% del total en 1997, a 50%
en 2003 (ver gráfica 9).
En Brasil
vemos una tendencia similar: la totalidad de los préstamos también se
estancó, mientras que el componente público creció 141% (ver gráfica
10). Para 2003, la porción pública representaba 43% del total, cuando
en 1997 representaba 19%.
De hecho,
el sistema bancario brasileño está recibiendo oxígeno del tesoro nacional.
La deuda pública total del Brasil para fines de 2003 había subido a la
pasmosa cifra de 913 mil millones de reales (311 mil millones de dólares
a la tasa de cambio de esa época), equivalente a poco menos del 60% del
PIB del país. Esta deuda pública paga “la tasa de interés real más alta
del planeta”, en palabras del diario brasileño Folha de São Paulo.
Según un estudio de los bancos brasileños realizado por la Universidad
Duke de los EU, “una fuente tradicional de ingresos ha sido juntar los
depósitos de los clientes e invertirlos en bonos del Estado de alto rendimiento”.
Smith Barney señala que “los bancos brasileños tradicionalmente han desempeñado
una función importante en el financiamiento del gobierno a través de comprar
valores del Estado, [y] los bancos brasileños generaron la mayor parte
de sus entradas de esta actividad”, el 25% en el caso de Itaú, el 29%
en el de Bradesco, y el 23% en el de Unibanco. De acuerdo
con un ciclo de artículos reveladores publicados por Folha durante
el primer semestre de 2003, los bancos brasileños son los tenedores directos
del 39% de todos los bonos del Estado. Seis de los bancos principales
(Banco do Brasil, Bradesco, Itaú, Unibanco, ABN Amro y Banespa Santander)
poseen como la mitad de ese 39%. Otro 33% de la deuda pública en bonos
está en manos de fondos de inversión, los que a su vez son en su mayoría
administrados por los principales bancos de Brasil, los cuales devengaron
en promedio otro 2% al año de los bienes administrados, como ganancia
adicional. De resultas, las utilidades de cuatro de los principales bancos (Bradesco, Itaú, Unibanco y Banespa Santander) aumentaron 35% en el primer trimestre de 2003, en comparación con el mismo período el año anterior. En términos más amplios, el promedio de las utilidades de los bancos brasileños aumentó de 10,6% en 1994, a 15,7% en 1998, a 24,5% en 2002. Compárese esto con lo que le sucedió a las empresas no bancarias del país, cuyo margen de utilidades decayó de manera progresiva de 5% en 1994, a 3% en 1998, a 1% en 2002 (ver gráfica 11).
Hay una
relación directa entre estas dos tendencias contrarias. En 1994, las empresas
no bancarias tuvieron que gastar 3,5% de sus ingresos en financiamiento
(pago de intereses a los bancos); para 1998 esto había subido a 14,2%
de los ingresos; y para el 2002 estaban desviando 33,1% para entregárselo
a los bancos. En los
casos de Chile y México, el rescate de los bancos privados (cada vez más
extranjeros) por parte del Estado tomó la forma de operaciones directas
de rescate gubernamental después de un crac bancario. En Chile, por ejemplo,
según Smith Barney, después de 1982–1983, el segundo banco del país, “Banco
de Chile, como la mayoría de los princpales bancos chilenos le vendió
algunos préstamos morosos al Banco Central a su valor nominal. . .
En 1998, le permitieron a los bancos recomprar la cartera vencida. . .
a un precio igual al valor económico de tales préstamos” (énfasis
añadido). El caso
del rescate Fobaproa de México de 1995 tal vez sea el más famoso —y absurdo—
de todos, como ilustra el caso de Banorte del que informamos arriba. Resumen
ejecutivo de EIR ha documentado esta estafa con lujo de detalles a
lo largo de los años, más recientemente, en nuestro número correspondiente
a la 1a quincena de julio de 2003 (vol. XXI, núm. 13), “En
México no hay recuperación, hay argentinización”, por Ronald Moncayo,
el cual mostró que las tenencias de los pagarés de Fobaproa son la principal
actividad generadora de ganancias de cada uno de los principales bancos
mexicanos. Sin esos bonos, todos y cada uno de esos bancos reportarían
pérdidas. En suma,
el sistema bancario mexicano está muerto desde mediados de los 1990, como
se aprecia en la gráfica 12.
La gráfica
13 resume el giro asombroso hacia los préstamos al sector público
—es decir, a chupar del erario estatal— que ocurrió en Argentina, Brasil
y México entre 1997 y 2003.
Como
ya hemos dicho, y es por demás obvio, el giro a mamar de la teta del erario
ha significado una baja correspondiente en los préstamos al sector privado,
tanto empresariales como al consumidor. Cuando le añadimos al cálculo
la porción de esos préstamos reducidos al sector privado que vienen de
los bancos bajo control nacional, y vemos esto como la porción de la actividad
bancaria que tiene el potencial de convertirse en préstamos productivos
bajo control soberano, llegamos a la pasmosa conclusión de que en Iberoamérica
ya casi no existe una banca nacional soberana.
La gráfica
14 muestra que, entre 1997 y 2003, los préstamos de esa clase bajaron
de 5.300 dólares a 3.200 dólares por hogar en Brasil (una baja de 31%);
de 2.900 a 2.000 dólares en Argentina, y el caso más pasmoso de todos,
de 1.100 a casi unos inexistentes 400 dólares por hogar en México (un
bajón de 67%). Para fines de 2003, semejantes préstamos en potencia productivos
bajo control soberano representaba 31% del total de los préstamos en Argentina,
45% en Brasil, y apenas 10% en México (ver gráfica 15).
El nuevo Imperio Español. . . Esta
impresionante reconfiguración del paisaje bancario de Iberoamérica que
ocurrió en el intervalo de 1997–2003 tuvo tres protagonistas principales:
el BSCH de España, el BBVA de España y Citibank de los EU. Detrás de ellos,
sin embargo, están instituciones financieras británicas y venecianas más
antiguas, la guardianas del pretendido orden mundial sinarquista. Veamos
primero la acción sobre el terreno con el auxilio de una cronología abreviada.
De los tres bancos mencionados, es el BSCH el que le ha llevado la delantera
a los otros. Fue el primero en convertirse en un megabanco mediante fusiones
y adquisiciones en su tierra de origen, y luego en expandirse de una manera
explosiva por Iberoamérica. Enero de 1999: El Banco Santander y el Banco Central Hispano,
ambos de España, se fusionan y conforman el Banco Santander Central Hispano
(BSCH), hoy el banco más grande de España y el sexto más grande de Europa.
Para junio de 2002 tenía activos de 387 mil millones de dólares. Enero de 2000: Banco Bilbao Vizcaya y Banco Argentaria, también
españoles, responden con la misma moneda y se fusionan para conformar
el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA), el segundo banco más grande
de España, con activos de 282 mil millones de dólares para junio de 2002. Mayo
de 2000: El BSCH emprende una incursión de 40 mil y pico de millones
de dólares en Iberoamérica, que empieza con la compra de Banca Serfín
de México, la que luego se fusiona con su ya establecida subsidiaria,
Santander Mexicano, para conformar el Santander Serfín, con 22 mil millones
de dólares en activos, el tercero más grande en el país. La segunda parte
de la maniobra ocurre seis meses después, en Brasil. Junio de 2000: BBVA responde con su propia adquisición de
40 mil y pico de millones de dólares, al comprar 59% del principal banco
mexicano, Bancomer, con 43 mil millones de dólares en activos, a fines
de 2003. BBVA acabó con todo lo que quedaba en el plato en marzo de 2004,
cuando compró el 41% restante de las acciones de Bancomer. Noviembre de 2000: El BSCH ganó una puja internacional muy
disputada por el banco privatizado brasileño Banespa, hoy el sexto más
grande de Brasil, con 20 mil millones de dólares en activos. Esto le da
a BSCH una entrada al codiciado mercado brasileño, que ni BBVA ni Citibank
han podido igualar. De hecho, BBVA optó por venderle su relativamente
pequeña subsidiaria brasileña al banco local Bradesco en enero de 2003. Mayo
de 2001: Citibank entra a la contienda con su propia apuesta de 40
mil millones de dólares, cuando compra 100% del segundo banco más grande
de México, Banamex, con más de 36 mil millones de dólares en activos para
fines de 2003. En menos
de año y medio estas megaadquisiciones habían cambiado el paisaje bancario
del continente, superando con mucho otras acciones importantes, tales
como la compra en noviembre de 2000 del Inverlat de México, con 9 mil
millones en activos, por Scotiabank, la compra progresiva del Wiese del
Perú, con 3 mil millones en activos, por el Sudameris, y la adquisición
en agosto de 2002 del Bital de México, con 15 mil millones en activos,
por el HSBC. El BSCH
cerró con broche de oro en abril de 2002 cuando adquirió 35% del banco
Santiago de Chile, y luego lo fusionó, en agosto de ese año, con su subsidiaria
establecida, Banco Santander, para conformar lo que hoy es el banco más
grande del país, con 27 mil millones de dólares en activos. Asimismo,
en Venezuela, fusionó sus dos posesiones en agosto de 2002 para conformar
el Banco de Venezuela, el tercer banco más grande del país. De manera
similar, BBVA, luego de su gigantesca operación de Bancomer, realizó operaciones
menores, entre ellas la compra del banco chileno Bhif, el octavo más grande
del país, con 9 mil millones de dólares en activos. Al despejarse
el humo el BSCH, el BBVA y Citibank eran, respectivamente, los bancos
número uno, dos y tres en Iberoamérica. Juntos habían más que doblado
sus activos combinados entre 1997 y 2003, acumulando un asombroso 24%
de todos los activos bancarios del continente entero (ver tabla 3).
Hoy,
el BSCH obtiene la mitad de sus ingresos, y más de la cuarta parte de
todas sus utilidades, de sus operaciones iberoamericanas, lo que también
es el caso para el BBVA. Para ambos bancos, sus actividades ahora incluyen
una presencia dominante en la administración de fondos de pensiones privatizados,
lo que vino a ser un gran negocio a mediados de los 1990, y hoy suma unos
90 mil millones de dólares en activos en Iberoamérica. Las compañías extranjeras
tienen una presencia aun más grande en las pensiones (52% del total) que
en el sistema bancario. En este sector el BBVA es el mero mero, al administrar
más del 25% del total del mercado iberoamericano. El BSCH ocupa el segundo
lugar, seguido de Citibank en el tercero. . . . y sus controladores Cuando
primero visitamos el lugar de los hechos, en septiembre de 1997, el artículo
de fondo de Resumen ejecutivo sobre la banca británica en Iberoamérica
incluía una sección subtitulada “Conozca a los nuevo dueños”, con semblanzas
de algunos de los bancos bajo dominio británico o vinculados al narcotráfico,
que hasta hoy son actores importantes en Iberoamérica: Banco Bilbao Vizcaya
(BBV), Hongkong and Shanghai Banking Corp. (HSBC), Scotiabank, JP Morgan
y otros (ver Resumen ejecutivo de EIR de septiembre de 1997, vol.
XIV, núms. 16–17). En el caso de Citibank, también referimos a los lectores
a artículos previos para que obtengan una imagen detallada de los intereses
que controlan a esa institución, y de sus actividades turbias, tales como
fomentar y encubrir los crímenes de lavado de dinero de la droga del convicto
mexicano Raúl Salinas de Gortari.[4] Aquí
volcamos nuestra atención, por el resto de este estudio, al caso revelador
del Banco Santander Central Hispano (BSCH), como el que mejor representa
la naturaleza real de la toma extranjera de la banca iberoamericana. El Banco
de Santander es una antigua institución financiera, propiedad desde su
creación de la súper rica y bien llamada familia Botín. El actual presidente
del Santander, Emilio Botín–Sanz de Sautuola y García de los Ríos, con
frecuencia es descrito como el hombre más rico de España (en 1999, la
revista Forbes calculó su fortuna en 3,4 mil millones de dólares).
Es el bisnieto del fundador del banco, Emilio Botín y López, quien estableció
el banco en 1857 para atender las necesidades financieras de los lazos
comerciales entre el puerto de Santander en el norte de España con Iberoamérica. Al igual
que su padre, y su abuelo antes que él, el Emilio Botín de hoy se ufana
de su linaje, y su intención es que el banco siga en la familia. El rumor
es que su probable sucesora será su hija Ana Patricia Botín, educada en
Harvard y adiestrada en JP Morgan, quien al presente pertenece a la junta
directiva del BSCH y es presidenta del banco Banesto, subsidiaria de BSCH.
Jaime, el hermano de Emilio, también pertenece a la junta del BSCH. Emilio
maneja el banco en persona, como el patriarca que es. En el BSCH, según
una broma popular en Madrid, sólo hay dos clases de empleados: Botines
y botones. Instruido en Derecho y Economía en la universidad jesuita de Deusto
en Bilbao, el actual Botín asumió las riendas del Santander de su padre,
Emilio Botín–Sanz de Sautuola y López, en 1986. Padre e hijo, ambos tenían
el compromiso, según el diario español El Mundo, de ponerle “fin
a la vocación del Banco Santander como banco industrial y el comienzo
de la dedicación única al negocio financiero tradicional. . .
Botín siempre ha sido partidario de un modelo de banca puro”. Este enfoque
guió las grandes fusiones y adquisiciones del banco a través de los años
(Banesto en 1994, Banco Central Hispano en 1999), las que llevaron al
BSCH a su posición actual como el principal banco español, y uno de los
principales de Europa, en particular en lo que toca a la compraventa de
derivados especulativos. Al año
de asumir la presidencia del Banco de Santander, en noviembre de 1987,
Botín firmó un acuerdo estratégico con el Banco Real de Escocia (RBS),
mediante el cual intercambiaron 10% de sus respectivas acciones, y Botín
se incorporó a la junta de RBS. Asimismo, sir George Mathewson, presidente
de RBS y presidente de la Asociación de Banqueros Británicos, hoy pertenece
a la junta del BSCH. La corresponsal
en Madrid de la revista londinense Economist, Adela Gooch, le atribuyó
esto a “la propensión de la familia Botín a la forma anglosajona de hacer
negocios”; pero esto entraña más que anglofilia. RBS es una de las instituciones
más destacadas y más antiguas del Reino Unido, y está en el corazón de
los estratos bancarios sinarquistas internacionales. Como Resumen ejecutivo
de EIR explicara en su estudio de 1997 sobre la banca extranjera en
Iberoamérica, el honorable conde de Airlie es un miembro destacado de
la junta directiva del RBS board of directors, y es “cuñado de la princesa
Alexandra, prima de la reina Isabel II; es también miembro del Consejo
Real de su Majestad; y Caballero Mayor de la Casa Real, es decir, encabeza
el cortejo inmediato de la reina. Hasta 1984 fue presidente de Schroeders
plc, grupo bancario mercantil londinense que ayudó a financiar el ascenso
de Hitler al poder en los años treinta”. Además,
el brazo privado bancario internacional del RBS es Coutts & Co., los
banqueros privados de la reina. La relación del BSCH con el RSB es tan
estrecha que, en mayo de 2003, según el sitio electrónico del Santander,
el BSCH llegó a un acuerdo “con The Royal Bank of Scotland Group por el
que se adquiere el negocio de banca privada de su filial Coutts &
Co.”. Uno de los bufetes legales que participó en la transacción calculó
que los activos de Coutts & Co. en Iberoamérica sumaban 2,6 mil millones
de dólares. En 1999,
el BSCH de Botín concertó otra alianza estratégica con otra institución
sinarquista financiera de hueso colorado: Assicurazioni Generali, la infame
y ultra poderosa compañía de seguros veneciana. En la
edición de 1992 de Dope, Inc., el best–seller de EIR,
se describe a la Assicurazoni Generali como sigue: “Entre las instituciones
financieras modernas, Assicurazioni Generali de Venecia, heredera de las
viejas fortunas venecianas, ofrece las más de las pistas a las operaciones
de los fondi. La ‘Generali,’ en tanto organización financiera,
funciona como cámara de compensación para las operaciones de numerosos
fondi, cada uno de los cuales está representado por su testaferro:
uno de los bancos inversionistas principales de Europa. Su junta directiva
consiste de las principales fortunas bancarias de Europa Occidental. . .
Los dos más poderosos bancos inversionistas de Europa, Lazard Frères y
Paribas, son los principales accionistas de Assicurazioni Generali, a
través de varias compañías de papel”. También
es harto sabido que la Assicurazioni Generali ayudó a llevar a Mussolini
al poder en Italia. La relación
de BSCH con la Generali no es disímil a la que tiene con RBS, o sea que
por lo general es íntima. Antoine Bernheim, presidente de la Generali,
es miembro de la junta de BSCH, y su empresa es dueña del 1,1% de las
acciones del BSCH, y del 20% de las de la subsidiaria de seguros del Santander.
A su vez, el BSCH es dueño del 1,2% de Mediobanca, principal accionista
de Generali, y tiene a un representante en el consejo general de la compañía
aseguradora. A fines de 2003, Generali también compró la participación
del 13,22% de BSCH en el Banco Vitalicio. Según un cable de Reuters del
23 de septiembre de 2003, “ambos grupos mantendrán su alianza global,
y hasta estudian extenderla a Latinoamérica”. Tal es
la naturaleza, y la intención, de los poderes finacieros sinarquistas
que están detrás de la recolonización de Iberoamérica de los bancos españoles. ANEXO:
(ingrese aquí) [1]A lo largo de este estudio, cuando hablamos del total de Iberoamérica, nos referimos a la suma de las siete economías principales de la región: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Venezuela. Estas siete contienen el 80% de todos los activos bancarios de la región iberoamericana en su totalidad, y sus PIBs constituyen como el 90% del total de la región. [2]Por control extranjero de un banco, queremos decir la pertenencia extranjera directa del 20% o más de los activos de un banco. Otros estudios, como el Foreign Financial Institutions in Latin America (Instituciones financieras Extranjeras en Latinoamérica), publicado por Salomon Smith Barney el 28 de noviembre de 2001, establecen el 40% de las acciones como la línea divisoria. El resultado de los dos cálculos es casi idéntico. [3]Foreign Investment in Latin America and the Caribbean, 2003 (La Inversión Extranjera en América Latina y el Caribe), Comisión Económica de la ONU para América Latina. [4]Ver “Money-Laundering Scandal Could Rock Citibank, Fed”, por Richard Freeman, en EIR del 7 de junio de 1996; también “Corrupt Fed Runs Economic Warfare To Prop Up Banks”, por John Hoefle y Scott Thompson, en EIR del 30 de julio de 1993.
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